Donald Trump y la clase trabajadora

Uno de los grandes misterios de nuestros tiempos es la creciente popularidad de Donald Trump, candidato presidencial republicano de Estados Unidos. Las últimas encuestas dicen que su popularidad descansa en el segmento poblacional de hombres blancos sin mayor educación, así de simple, sin mayor explicación, sin profundidad alguna.
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Para entender su creciente popularidad hay que concentrarse en el origen del candidato y su mensaje. El origen es importante: nace y crece en Queens, distrito metropolitano de la ciudad de Nueva York, barrio de inmigrantes con conclaves de etnias y religiones, cada una con “territorios” bien definidos.

Dicen los eruditos que el señor Trump carece de ideología alguna, si por ideología nos referimos al ideario tradicional de Estado frente a mercado tienen razón. Sin embargo, tal como su comportamiento y discurso lo evidencian, la ideología que posee es la de su barrio, la supervivencia del más fuerte, el darwinismo, donde la negociación ganar/ganar no existe, donde no hay adversarios sino enemigos, donde el fin siempre justifica los medios, donde al enemigo se le erradica, se le aplasta; donde la única manera de salir del barrio es el trabajo, de sol a sol, y poco a poco ir aprovechando la ventaja que don Dinero ofrece.

Trump conoce a su gente, su movimiento: la clase trabajadora. Conoce sus miedos y sus anhelos, el mensaje está hecho a la medida. El miedo más grande de la clase trabajadora es perder su empleo y la seguridad médica que conlleva, el mensaje: Traeré todos los trabajos que se llevaron a la China de regreso; el descontento con salarios estancados, el mensaje: los “ilegales” deprimen los salarios, los deportaré; el exorbitante gasto en defender Europa y Asia, el mensaje: son países ricos, que se defiendan ellos, recortaré ese gasto e invertiré ese dinero en la clase trabajadora: capacitación, emprendimiento, entre otros; sus vecindarios están amenazados por la delincuencia.

El mensaje: pararé a todos los narcos y delincuentes que entran por la frontera con México; los que no trabajan ganan millones, ¿y ustedes? El mensaje: pararé los excesos de Wall Street, del dinero viejo, de las egoístas corporaciones.

Los insultos son en contra de la élite: la reportera de CNN que gana miles, la expresidenta corporativa, la comediante que nada en dinero; los políticos oportunistas, ejecutivos avaros y egoístas.

No se trata de si estamos de acuerdo con los postulados de su mensaje o con su comportamiento, se trata de cómo los percibe la clase trabajadora, la clase que se siente ignorada y abandonada.

El Partido Demócrata es hoy día el partido de las clases élites profesionales y el Partido Republicano es el de las élites del poder económico. Es aquí donde yace el vacío que Mr. Trump aprovecha y explota.

¿Y nuestro querido El Salvador? Exactamente lo mismo. Nuestra clase trabajadora, la que labora de sol a sol, la que paga impuestos, el contribuyente, ve hacia un costado y recibe las migajas del mercado, ve hacia el otro y recibe las migajas del Estado, migajas al fin... y al cabo, ve hacia el frente y lo que ve son más arrugas, “chindondos” y heridas.

Y para rematar, bolseado hasta la penuria por “rentas” e impuestos. Espectadores de galería, admirando los atuendos y prebendas de la nueva sangre azul, financiados con el sudor de su frente y de su estrecho bolsillo.

Como en el Norte, nuestra clase trabajadora se siente ignorada y abandonada, lo que la vuelve vulnerable y fácil presa del oportunista, del aprendiz de caudillo. ¡Cuidado! Que ya se oyen por allí los cantos de sirena. Dios, Unión, Libertad.

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