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Dos años recargando emociones y experiencias

Hace dos años, precisamente el 10 de julio de 2013, nos dejó el maestro, amigo, padre, hijo de nuestra tierra, hombre de bien. Aquiles Delgado Brizuela, patriota salvadoreño, abogado vinculado a la banca, dirigente deportivo y muchas cosas más, abandonó su cuerpo para pasar al mundo espiritual, en el que nos deja su legado y ejemplo a quienes aún bregamos con los retos de lo que llamamos espacio de vida terrenal.
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(En memoria del Lic. Aquiles Delgado Brizuela)

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Toda muerte nos parece injusta, pero cuando ocurre a alguien en la plenitud de sus años y tan extraordinariamente activo, parece que la pérdida es aún más desoladora a pesar de haber transcurrido dos años.

Por tanto, me hago presente en este escrito con emociones aún encontradas, pero con la alegría del testimonio que su vida fue un libro abierto de anécdotas y experiencias que nutrieron a muchos en el quehacer jurídico, político, deportivo y espiritual de El Salvador y Centroamérica, dejando una profunda marca en la vida de un número plural de personas que hoy se realizan plenamente como profesionales en sus diversas áreas de ejecutoria humana.

Nacido en cuna patricia, jamás olvidó a quienes no compartieron tal suerte y se preocupó toda su vida por dar oportunidad a quienes las circunstancias de la vida se las negaban. En su familia impregnó un concepto de largas miras, de servicio a la sociedad y concordia, de la Educación como concepto de desarrollo y justicia social. Su larga trayectoria profesional, cimentada en una sólida formación en El Salvador, sirvió en dar a la abogacía y el deporte salvadoreño una persona emprendedora, motivada y de altos ideales. Su experiencia y pasión por el baloncesto potenciando la cohesión y nunca olvidando que el deporte significaba mucho más que competir y ganar, sino más bien educar en rectitud, en el esfuerzo de calidad y en el respeto y solidaridad entre propios y adversarios: en resumen el deporte como puente de civilización.

En el quehacer jurídico demostró el arte de la virtud de ser equilibrado y sensato en su proceder lo que cimentó su prestigio, así como el de El Salvador en cualquier círculo social, financiero o legal donde se encontrase a nivel local e internacional.

Para quienes tuvimos la suerte de compartir su trayectoria como abogado, maestro, guía y amigo, su pérdida física no nos quitará los conceptos compartidos de construir futuro trabajando con criterio, constancia y fortaleza en el presente, tal y como él lo hizo hasta su último suspiro por El Salvador. Él comprendió que las ciencias jurídicas como elemento educativo, social y de entendimiento entre sectores muestran su grandeza en la concreción de los ideales universales de la dignidad humana.

El maestro, como solíamos en pasillos llamarle, ha sido un extraordinario guía, poseía una personalidad con un brillo propio, y una hiperactividad desbordante que todo lo inundaba. En él había nobleza, caballerosidad; una especie de ser humano en extinción.

Su facilidad para hacer amigos, capacidad de diálogo y su lealtad al respeto de la institucionalidad motivaron a personas de diversos sectores e ideales políticos a depositar en él su profunda confianza. Hagamos que salvadoreños como Aquiles Delgado se sigan multiplicando, para desdecir el enunciado de arriba, que personas como él se estaban extinguiendo.

Me hago eco de la frase: “La vida no hay que ahorrarla, hay que vivirla plenamente bien, porque la naturaleza de nuestras circunstancias puede cambiar en cualquier momento”.

El Maestro, don Aquiles, queda entre nosotros, con su ciencia y su personalidad. In memoriam.

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  • aquiles brizuela
  • muerte
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