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Dos años y la vida sigue

Murió de cáncer. Hace dos años que sus ojos color miel se cerraron a este mundo. La vida de todos cambió, pero no se detuvo. ¿Recuerdos? Claro que sí, es que no muere el que se va, sino el que se olvida. Pero el mejor homenaje de quienes sobreviven a los que se adelantan en el paso por la vida es ser felices pese a su ausencia física.
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Toda enfermedad tienes tres etapas: 1) El diagnóstico, negación y aceptación. 2) El proceso de fe y esperanza que supone el tratamiento, para el que lo experimenta, sus familiares y amigos. 3) El desenlace, que tiene que ver con los más íntimos allegados.

A ella le descubrieron cáncer una mañana gris y lluviosa de un 3 de mayo de 2014. Como todas las personas su primera reacción fue negarse a aceptar un diagnóstico que para la mayoría es sinónimo de muerte. Sin embargo, 23 días después estaba con miedo, pero aceptando que el proceso médico con la dosis de fe necesaria era el único camino para esperar la voluntad de Dios.

El dolor y los efectos de la quimioterapia, las consultas, los quebrantos, el alejamiento de amistades, los comentarios sin sentido, el dejar de trabajar y tantas otras circunstancias son parte de este proceso en el que la mente, el corazón y el espíritu se debaten permanentemente para mantener arriba el ánimo, que a veces igualmente se desmorona.

La recuerdo tratando de mantenerse firme hasta el último minuto. En la segunda etapa de una enfermedad que implicó quimioterapia, operación y radiación ella siempre actuó con fe y esperanza. En esos difíciles momentos hablamos de cualquier cosa: de los tiempos vividos, los hijos, las decepciones, las victorias y por qué no, hasta de los tramos dolorosos que cualquier matrimonio vive. La vida se acepta con días de tormenta y soleados.

En estos últimos dos años he visto y sabido de familiares y amigos que experimentan el dolor y lucha diaria por vivir con un quebranto de salud, a algunos de ellos quejándose por esa condición y con miedo de lo que pueda ocurrir, a lo cual tienen derecho; pero también otros están en esa delgada línea entre el desánimo y las ganas de vivir con una valiente actitud que solo puede venir de la fe en Jesucristo. Una condición que determina cómo se debe entrar a la tercera etapa de cualquier enfermedad.

A las 8:45 de la mañana del 1.º de julio de 2015, el desenlace llegaba. Tomé las manos de una gran mujer, mi esposa, ella cerraría sus ojos color miel a este mundo y por mis convicciones de fe sé que los abría a otro, en el que quizá nunca nos volveremos a conocer, pues dice la Palabra que cuando estemos frente a Dios él “secará todas las lágrimas de ellos, ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor; porque todo lo que antes existía ha dejado de existir”.

El desenlace nos marca a todos los que se quedan cuando parte un ser amado y como la vida sigue, el tiempo para amar es hoy. Hay quienes olvidan que la vida es como un soplo que se va en un instante, por eso los recuerdos se forjan en el día a día, y si son buenos o malos, eso dependerá de cómo se vivió, al final, ese tramo de la vida debe servirnos para ser mejores en el presente y escribir una nueva historia que nos dé felicidad, paz y sobre todo que sea el mejor homenaje a quienes se adelantaron, y su recuerdo está guardado en lugar especial.
 

Tags:

  • cancer
  • fe
  • Jesucristo
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