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Dura, chocante y retadora

Los salvadoreños viven una dura, chocante y retadora situación, a saber: el crimen tiene de rodillas a la población, el subempleo y la informalidad caracterizan a la economía nacional, la ofensiva antiinmigración está cerrando la válvula de escape y el desequilibrio fiscal limita el margen de maniobra del gobierno de turno. La solución de estos problemas requiere de un liderazgo democrático, una ciudadanía activa y una efectiva gestión gubernamental.

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Rafael Ernesto Góchez

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La realidad salvadoreña es dura, chocante y retadora. Dura porque se ha expandido el uso de la fuerza bruta como modus vivendi y miles de compatriotas abandonan su lugar de origen ante la falta de oportunidades y la inseguridad; chocante porque el crimen ha penetrado las esferas estatales, empresariales y comunitarias, y la ligereza de los gobernantes puede conducir a la criminalización de jóvenes y emigrantes; y retadora porque la contienda electoral sigue girando alrededor de la lucha por alcanzar el poder y controlar el aparato estatal.

Esta reflexión es pertinente porque las medidas gubernamentales deberían responder a la vida diaria de los salvadoreños. Habría que iniciar, entonces, por reconocer las dificultades que tienen los jóvenes para permanecer en el sistema educativo e insertarse en el mercado laboral. Otro caso relevante es el estrés que sufren miles de madres de familia cuando sus hijos salen de la casa. Estos hechos deberían ser suficientes argumentos para que los salvadoreños participen en la solución de los problemas que los agobian. ¿Qué se necesita? Una ciudadanía activa, visionaria, valiente y ecuánime.

En este contexto y sobre la premisa de que un alto porcentaje de connacionales se esfuerzan por ser autosuficientes, desean progresar y confían en ellos mismos para salir adelante, seguidamente se presentan cuatro rutas alternas a considerar por la ciudadanía.

Ruta 1. Resignación. Admitir o consentir que el país es sinónimo de suciedad, desorden e injusticia, y ayudar a mantener el statu quo. Si los gobernados le siguen firmando un "cheque en blanco" a los gobernantes no se podrá controlar ni equilibrar el ejercicio del poder público.

Ruta 2. Conversación. El diálogo colaborativo es una vía civilizada para tolerar las diferencias y gobernar con base en objetivos comunes. El reto es hacer que prevalezcan la sensatez y la cooperación sobre la demagogia y el activismo. El tiempo apremia y la realidad aprieta.

Ruta 3. Confrontación. La descalificación del adversario u opositor es un camino que ha demostrado ser inefectivo y altamente costoso. El odio (lucha de clases) es una práctica antidemocrática y lleva a la violencia política, la cual habría que evitar y sustituir por el diálogo.

Ruta 4. Movilización. Los ciudadanos tienen la capacidad y el peso requerido para ejercer sus derechos y defender sus intereses. Esta es una de las ventajas del sistema democrático. Por lo tanto, los ciudadanos deberían velar por el cumplimiento de la Constitución de la República.

Conclusión: numerosos compatriotas continúan dándole la espalda a la realidad nacional y depositando el destino del país en pocas manos. Esto lo realizan aun a sabiendas de que (1) el poder público se ejerce sin la debida contraloría, (2) la sociedad civil no ejerce un contrapeso suficiente y (3) el círculo académico está adormecido. Ante el reto de que los gobernados exijan, contribuyan y participen en la construcción de una ruta democrática, es conveniente que la ciudadanía levante su voz de forma decidida, sensata y propositiva.

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  • realidad
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