E maintenant?

¿Y ahora? (E maintenant?) es el título de una canción francesa de gran moda en los sesenta, si no recuerdo mal de Gilbert Becaud, planteando, con música dramática a la medida, la agobiante duda ¿qué hacer? ante el derrumbe de algo construido y atesorado con celo. En la versión de Frank Sinatra, arreglo de Ernie Freeman, el abatimiento se dramatiza y adolora señalando que la ruptura fue “en pedacitos de arcilla” (“little bits of clay”).
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¿Qué se ha de tal manera despedazado entre nosotros para merecer esa angustiosa interrogante? Lo más dañado es, realmente, la credibilidad de los mecanismos electorales, derruida en “bits of clay”. Inculpaciones van, inculpaciones vienen, pasan por el mar de escombros y no se detienen; o si; se remansan, acampan, en las cabezas del TSE, otean dónde más posarse y debieran hacerlo en la Asamblea. Hay consenso en que el presidente y los miembros del Tribunal no tenían la experiencia para manejar el trompo que han debido echarse a la uña. Un evento como el que les ha tocado hubiera sido difícil para un Wálter Araujo, un Eugenio Chicas o cualquier experto electorólogo, no digamos para relativamente novatos. Pero esto lo sabían o debían saberlo quienes los eligieron. Hacia ellos debe también mirarse. Como deben girarse los ojos acusadores hacia la Sala de lo Constitucional, advertida una y mil veces que el tiempo resultaría demasiado escaso para implementar el voto cruzado. Pero como una y mil veces, atendieron solo a su infalibilidad cuasi papal.

¿Y ahora qué? Pueden cuestionarse los que se hicieron falsas ilusiones, nacidas al embrujo de un imaginado triunfo en las urnas, por un carisma personal, un no sé qué de atractivo, que creía poseer el auto postulado. A la cabeza, un gran empresario quien creyó que ser conocido y apreciado en sus círculos de trabajo y amistades, o que la aceptación general de sus productos lo hacía igualmente apetecible, sin pensar que el consumidor nunca sabe, ni le interesa, quién es el productor. ¿Ahora qué? ¿Volver a fabricar y vender golosinas o volver a fabricarse sueños e intentar venderlos?

¿Y los coroneles y generales creyendo que su popularidad en las filas se trasladaría a las filas en las urnas, sobre todo invocando el favor de Dios? También deben recordar que las asambleas de oficiales que antes los hubieran lanzado en silla de manos a la presidencia, hoy ya no existen; y la designación por asambleas de los partidos es bastante más dura.

¿Y ahora qué con una pica musulmana clavada en el poder político? Podría fomentarse la inmigración masiva, hasta lograr mayoría electoral en algunos municipios, como en Estados Unidos, Holanda y otros países, ahora arrepentidos de haberlos acogido como a los inmigrantes que, por oleadas, recibieron en otros tiempos.

Los cristianos salvadoreños reaccionaron, un poco tardíamente, a la amenaza que se les blandía. Los márgenes de rechonchas decenas de puntos que daban como ventaja las encuestas se transformaron en esmirriados dígitos. Si hubiese durado un poco más la campaña, capaz que el resultado se hubiese revertido.

¿Y ahora qué? ¿Escribir de qué? Para satisfacción de la lengua viperina, ponzoñosa, de Noelia Zavaleta, u otros cuyo cerebrito solo piensa porquerías, me gustaría dar batalla a la clepto-ineptocracia gobernante. Pero a mi refugio en Berlín casi solo llegan informaciones indirectas, cuando ya han sido conocidas, masticadas y digeridas por la generalidad. Veremos.

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