E. S.: el menor crecimiento regional

“Es necesario redoblar los esfuerzos para institucionalizar la disciplina fiscal... y el crecimiento potencial”... esto requerirá “desarrollar defensas fiscales más sólidas” mediante “la... optimización de la transparencia fiscal... (y) la promulgación de leyes de responsabilidad fiscal” (FMI). ¿Entenderán?
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“Las perspectivas de la economía mundial son inciertas y sus señales pueden observarse como una alerta temprana de una desaceleración global”, escribí el 11 de enero. La semana pasada, en el informe “Panorama Económico Regional para América Latina y el Caribe”, el Fondo Monetario Internacional (FMI) fundamenta esa perspectiva y señala que “la economía mundial sigue en transición, lo que se refleja en un ritmo más lento de la actividad a nivel mundial”.

Pero no sería de extrañar que el FMI pronto vuelva a disminuir esta proyección, especialmente para Centroamérica y México, cuyas economías están respaldadas por la de Estados Unidos de América, que ha crecido hasta ahora “impulsada por el consumo”. Pero los datos revelados la semana pasada contradicen esta positiva proyección.

El gobierno estadounidense dio a conocer que la economía creció una tasa de 0.5 % anual en el primer trimestre de 2016, el peor resultado desde 2014, como reflejo, principalmente, de una “desaceleración del consumo”, las inversiones privadas y las exportaciones. Mala noticia para Centroamérica.

Para Latinoamérica, aunque muchos países crecen, el FMI estima que la economía de la región se contraerá en 2016, por segundo año consecutivo, dadas las recesiones de Venezuela (-8.0 %), Ecuador (-4.5 %, proyección antes del lamentable terremoto), de Brasil (-3.8 %) y Argentina (-1.0 %) que recién empieza a arreglar del descalabro que dejó el kirchnerismo.

Entre los países del istmo centroamericano, la proyección de crecimiento de El Salvador es de 2.5 % para 2016, manteniendo así “el desempeño más pobre de la región”, según el FMI. Contrariamente, la economía con el mayor crecimiento esperado es la de Panamá (6.1 %), seguida por Nicaragua (4.5 %), Costa Rica (4.2 %), Guatemala (3.9 %) y Honduras (3.7 %).

Por otra parte, el FMI resalta que si bien en Centroamérica se han impulsado ajustes fiscales “es necesario redoblar los esfuerzos para institucionalizar la disciplina fiscal e impulsar las reservas fiscales y el crecimiento potencial”. Todo esto como si tuviera dedicatoria para El Salvador, al agregar que esto requerirá “desarrollar defensas fiscales más sólidas” mediante “la adopción de marcos fiscales plurianuales y en la optimización de la transparencia fiscal... a través de la promulgación de leyes de responsabilidad fiscal”. ¿Entenderán?

Para el FMI esto es fundamental, “porque se ha reducido el margen de maniobra de la política fiscal”, como es el caso de El Salvador, por los “elevados niveles de deuda y la nueva realidad de un crecimiento más lento y menores ingresos, incluidos los... de materias primas”.

Ante este panorama, será fundamental hacer reformas estructurales para enfrentar la reducción de la capacidad productiva de América Central, de 5 % antes de la recesión mundial de 2009 a 4 % en 2016, y se prevé que continuará “a un ritmo similar”. Para el FMI, esta reducción, como en caso de El Salvador, podría deberse a “rezagos en la inversión en investigación y desarrollo y en la adopción y desarrollo de nuevas tecnologías, la disminución de la tasa de crecimiento del capital humano y el débil clima empresarial”, a lo que se puede sumar “la persistente debilidad de los marcos institucionales, regulatorios y jurídicos”.

Ahora, si bien El Salvador ha recuperado ligeramente su capacidad de crecimiento potencial en los últimos dos años, “permanece por debajo de las tasas previas a la crisis” y con el nivel “más bajo de América Central (1.8 %)”.

Normalmente, una infraestructura inadecuada o deficiente tiende a constituir un fuerte obstáculo para el crecimiento y el desarrollo de un país, como sucede en El Salvador, especialmente comparado con los países exportadores rivales. Ante esta situación, el FMI señala el camino a seguir: “mejorar la eficiencia de la inversión pública”, algo que es muy deficiente en El Salvador.

Difícil y dura tarea tiene enfrente el país, lo que se hace más difícil aun cuando las máximas autoridades de gobierno no entienden esto o toman posiciones de indiferencia a lo que sucede. Ojo, si se hunde el barco, nos hundimos todos.

Para evitar esto, se requieren reformas estructurales –por ejemplo, un Acuerdo Fiscal de País– antes de que se deterioren las condiciones del mercado financiero internacional, así como mejorar los problemas de seguridad, de gobernabilidad, malos servicios de educación y salud, combate de la corrupción e impunidad y la incontenible indisciplina fiscal. ¿Habrá voluntad para hacerlo?

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