EL PRINCIPAL MENSAJE DE LA CUMBRE DE LAS AMÉRICAS: PONER LA ARMONÍA POR ENCIMA DEL CONFLICTO

Nos hallamos, sin duda, en un momento crucial para todos, y lo que está en juego en definitiva es la suerte de la democracia en cada una de nuestras naciones, así como la posibilidad de pasar a una etapa superior en el desenvolvimiento histórico del hemisferio en pleno.
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La VII Cumbre de las Américas que se desarrolló en Panamá el viernes y el sábado pasados dejó una imagen muy reveladora sobre el cambio evolutivo de los tiempos, puesto en clave hemisférica muy actual. De seguro la fotografía del recuerdo de esta Cumbre será el momento en que el Presidente Barack Obama, de Estados Unidos, y el Presidente Raúl Castro, de Cuba, se estrecharon las manos en un encuentro directo para seguir tratando el complejo tema de la normalización de relaciones entre los dos países luego de más de 50 años de ruptura.

En 1961 la Guerra Fría estaba en lo mejor, con la Unión Soviética y Estados Unidos en el filo de una guerra nuclear, y la Revolución Cubana, que tenía apenas dos años de existencia, haciéndose sentir como una supuesta avanzada del futuro. En estas décadas, las cosas han cambiado dramáticamente: se desfondó la Unión Soviética, de la bipolaridad hemos venido pasando a la globalización, la multipolaridad ha hecho que ya no haya centros de poder al estilo antiguo, la Revolución Cubana es un fantasma de sí misma y otras fantasmagorías, como el llamado Socialismo del Siglo XXI, no tienen ningún futuro.

Aunque Venezuela, gobernada por un chavismo cada día más insostenible, quiso hacer de la Cumbre un melodrama antiimperialista, el hecho de que Cuba esté en otra onda le restó toda importancia a la verborrea tensionante. Al final, las invocaciones mutuas al diálogo fueron la tónica inevitable. Quedó patente, por los discursos y por las imágenes, que contra el empuje de la realidad nadie puede. En esta Cumbre se reafirmaron los lazos de cooperación entre Estados Unidos y el Triángulo Norte de Centroamérica, y en el ámbito más general de la región lo que se puso de manifiesto es que hay que trabajar para resolver diferencias en vez de convertir las diferencias en campos de batalla.

Hay que destacar, como uno de los factores decisivos para que la atmósfera conciliadora tomara más cuerpo, la actitud del Presidente Obama, distendido y sin prestarle atención a las provocaciones retóricas. En verdad, lo que todos estamos necesitando, desde el extremo Norte hasta el extremo Sur, es una dinámica de cooperación, que deje atrás todos los nudos ideológicos del pasado, y que permita activar las relaciones constructivas, en función de alcanzar en común un mejor horizonte de progreso en todos los órdenes. Las condiciones tanto regionales como globales son propicias para ello, y hay que cultivarlas con inteligencia y creatividad.

Nos hallamos, sin duda, en un momento crucial para todos, y lo que está en juego en definitiva es la suerte de la democracia en cada una de nuestras naciones así como la posibilidad de pasar a una etapa superior en el desenvolvimiento histórico del hemisferio en pleno. Los tiempos cambian, y las realidades se transforman con el cambio de los tiempos. Antes se tenía la errada creencia de que había corrientes ideológicas capaces de dirigir la historia. Eso ya nadie puede sostenerlo en su sano juicio, y por ello los que quieren seguir sosteniéndolo se asemejan cada vez más a los prestidigitadores seniles.

Ahora se abre un nuevo capítulo, que por supuesto exigirá mucha perseverancia constructiva y mucha paciencia organizada. Hay que aprender de lo vivido, para que se le abran mejores perspectivas a lo que está por vivirse. Aprendamos todos, pues, de la experiencia de todos.

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