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“ÉL” y nuestros problemas

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Juan Héctor Vidal / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Si el exabrupto lo hubiera proferido Joe Smith (el nombre más común en Estados Unidos), la furia y las maldiciones sobre sus antepasados no me dejarían dormir. Pero no. Se trata de una persona considerada mentalmente inestable, megalómana supremacista, capaz de destruir el mundo con su soberbia, que repudia el orden mundial, que ha hecho de su presidencia el hazmerreír de propios y extraños, que solo en un año fue desplazado por el presidente de China como la persona más poderosa del planeta, que ha ofendido a líderes mundiales y países aliados, que se arrodilló ante Rusia por unos votos y unos dólares más, que ha amasado su fortuna con negocios cuestionables, que evade impuestos, que se equivoca y se desdice una vez y otra también, que es reconocido como misógino irredimible, pero que a la vez se auto considera como la viva imagen de Eros. Esto lo sabe todo el mundo; lo retomamos porque bajo su administración, un país que admiramos tanto está perdiendo su liderazgo mundial. Además, los salvadoreños tenemos muchos quehaceres y no podemos indigestarnos por cualquier cosa.

El primero, vaya paradoja, es el destino de nuestros compatriotas por la forma cómo el gobierno trata de engatusarnos soslayando una realidad potencialmente trágica. Lo peor es la desfachatez del mandamás al asegurar que el país está preparado para recibirlos y darles empleo, cuando no pudieron mantener los que con artimañas creó Alba, ahora en la calle y abandonados a su suerte por un Ministerio de Trabajo inoperante y arbitrario. A menos que... el gobierno los contrate también como activistas.

También tenemos que lidiar con las próximas elecciones, las que muchos consideran como un fraude anunciado y una antesala a la desaparición de lo poco que tenemos de institucionalidad democrática. Tampoco la malacrianza de los neonazis nos debe restar energías para impedir la prostitución de las elecciones de segundo grado, ni olvidar la grotesca maniobra del gobierno al nombrar en la Siget a un incondicional, despojando, de manera tramposa, al sector privado de un espacio que legalmente le corresponde.

Bajo el liderazgo del CEJ, este personaje fue apartado, al menos temporalmente, de la presidencia de la FEDAES, pero este caso no puede desligarse de la consigna del FMLN de tomarse todo el poder, sin olvidar lo que ha pasado con otros colegios de profesionales, como se asegura, ocurre en COLPROCE, cuyo presidente, siendo empleado del partido, actúa como un activista más. Es desafortunado que hoy también se señale a ASPAE por haber abanderado el nombramiento en la Siget. Obviamente, no podemos olvidar la descarada corrupción, la penetración del crimen organizado en los partidos y entidades públicas, el intento de coartar la libre expresión y, tampoco, el desacato de la AL en torno a los permisos al presidente de la república para ausentarse del país.

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