EUA-Corea del Norte: guerra de palabras

La escalada de violencia entre el presidente Donald Trump y Kim Jong-un, presidente del Partido del Trabajo de Corea y líder supremo de la República Popular Democrática de Corea (RPDC), no pasará de la retórica guerrerista y las acusaciones de querer encender la mecha apocalíptica que terminaría pulverizando buena parte del planeta.

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Esta ha sido desde hace setenta años la tónica entre Corea del Norte y EUA. Para ello hay que remontarnos a la ocupación japonesa de Corea, hasta 1945, cuando el Presidente Eterno de Corea del Norte y secretario general del Partido del Trabajo, el difunto Kim Il-sung, que gobernó entre 1948 y 1994, asumió la dirección del norte de la península, bajo control soviético; mientras Corea del Sur, separada por el paralelo 38, quedó bajo control del Ejército de EUA.

Se trató, tanto en Corea como en Alemania, y más tarde en Viet Nam y en Yemen, de la clásica división geopolítica de una misma nación, impuesta por la Guerra Fría entre Occidente y los países del Telón de Acero, como los bautizó Winston Churchill.

En 1948 se establecieron dos gobiernos, en el Norte y el Sur, ambos pretendiendo el control sobre la península coreana. El 25 de junio de 1950 el Norte cruzó el paralelo 38 y conquistó la totalidad del país, lo cual llevó a una cruenta guerra de tres años, que finalizó solo cuando el Ejército norteamericano, bajo la fachada de Comité de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), logró expulsar más allá del paralelo 38 a las huestes de Kim Il-sung, del Ejército popular chino y de los asesores soviéticos. El 27 de julio de 1953, se firmó el armisticio de la Guerra de Corea, que estableció una zona desmilitarizada entre los dos países y puso fin a los enfrentamientos. Esta dejó un saldo, según la ONU, de 36,000 norteamericanos muertos, más heridos; 400,000 surcoreanos heridos y muertos; China y Corea del Norte, 1500,000 entre heridos y muertos.

Ambos Estados coreanos, incluido EUA, aún están en guerra, oficialmente.

Los sucesores de la dinastía del Presidente Eterno, tanto su difunto hijo Kim Jong-il, que gobernó entre 1994-2011, como su actual nieto, Kim Jong-un, que gobierna desde 2011, han continuado la confrontación con EUA como una estrategia de larga duración contra los intentos de Occidente de destruir la RPDC.

Para ello Kim Il-sung formuló la Filosofía Juche, que explica que los propietarios únicos de la revolución y la construcción posterior son las masas, sin esperar otra ayuda más que la de sus propios recursos y fuerza.

El ascenso de amenazas atómicas es una estrategia de sobrevivencia de Corea del Norte. Sabedores que una pequeña concesión hacia el enemigo, EUA, les depararía un destino similar a la Libia de Muamar el Gadafi o el Irak de Sadam Husein.

China y Rusia, las otras dos grandes potencias atómicas mundiales, con fronteras comunes con Corea del Norte, son las garantes de que EUA no destruya dicho país. Para ello se han distanciado de la carrera nuclear de Pionyang aprobando sanciones disuasorias contra Corea del Norte en la ONU.

Una descomunal algarabía constituye este intercambio de tuits trumpeanos y declaraciones bélicas norcoreanas.

Curiosamente, mientras el mundo tiembla, en Corea del Sur y del Norte, los ciudadanos siguen su cotidianidad, sin sobresaltos.

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