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Educación e inclusión

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Rafael Ernesto Góchez - Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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La UNESCO destaca que la pandemia del coronavirus ha exacerbado la exclusión de los estudiantes con menos recursos en todo el mundo, señalando que un total de 258 millones de niños y jóvenes quedaron excluidos de la educación durante el primer confinamiento.

La situación educativa en El Salvador ya era preocupante a la llegada del covid-19. Prueba de ello es que 883,663 niños (39 %) no estaban matriculados en un centro escolar en 2018 y el 4.6 % de los alumnos matriculados dejó la escuela ese año. Por otra parte, dos de cada tres niños en edad para cursar bachillerato no estaban matriculados. Además, el clima escolar estaba deteriorado v. g. 1 de cada 4 docentes percibía que su seguridad era afectada por las pandillas al interior de la escuela.

Por ello y tal como lo expresó el PNUD hace unos años, El Salvador está ante el riesgo de perder el "último refugio" del tejido social (la escuela pública).. Esto quiere decir, entre otras cosas, que al iniciar la cuarentena 2020 había un detrimento de la autoridad del maestro y se daban conductas que rozaban lo delictivo dentro de varias escuelas (acoso a otros alumnos, peleas y consumo de drogas). ¿Cómo será el retorno a clases presenciales? ¿Mejorará o empeorará el clima escolar?

Al cerrarse temporalmente las escuelas y dar lugar a la enseñanza virtual, el proceso de aprendizaje se ha visto afectado porque los docentes no estaban capacitados ni disponían de la infraestructura tecnológica requerida para una educación telemática. Los esfuerzos institucionales han sido extraordinarios, pero el MINEDUCYT se ha enfrentado con retrasos y brechas significativas; por ejemplo, el 75 % o sea 649,934 hogares con estudiantes menores de 18 años no tienen internet y el 81 % o sea 702,816 hogares con estudiantes menores de 18 años no tienen computadora.

Estos datos son reveladores y tal como insta la UNESCO, es clave que El Salvador se centre en aquellos estudiantes que se están quedando rezagados, a fin de construir una sociedad más resiliente e igualitaria. Consiguientemente, conviene tomar en consideración los siguientes puntos.

1. Avanzar hacia una educación más inclusiva. Este desafío significa repensar y transformar el modelo de enseñanza en todos los niveles educativos, invertir en infraestructura tecnológica y capacitar permanentemente a los docentes.

2. Reconocer que la pobreza es el principal obstáculo para el acceso a la educación, especialmente durante la pandemia y ante la opción de una educación virtual. Veamos dos casos: el 95 % de los hogares rurales no tiene internet y miles de jóvenes rurales comienzan a trabajar a los 14 años.

3. Implantar un sistema de monitoreo, evaluación y aprendizaje de la educación pública. Esto significa desarrollar un conjunto de estadísticas y evaluaciones educativas (alumnos y maestros), lo cual es esencial para mejorar la enseñanza de los niños más rezagados y con discapacidades.

Conclusión: sociedad civil, círculo académico y MINEDUCYT deberían unir esfuerzos y precisar cómo rescatar la escuela pública y transformar el modelo educativo nacional (preescolar, básica, media y superior). ¿Por qué? Porque la educación es la piedra angular para reducir las desigualdades, aumentar la productividad y promover la sana convivencia. En síntesis, la educación inclusiva y de calidad debería ser una prioridad intergeneracional en las próximas dos décadas.

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