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Educación y deuda a dos velocidades

Los economistas explicamos la evolución de las situaciones, frecuentemente comparando porcentajes; sin embargo, quienes escuchan estas cifras no encuentran que dichos números les indiquen algo concreto.
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José Andrés Oliva Cepeda / Licenciado en Economía con Master en Finanzas

José Andrés Oliva Cepeda / Licenciado en Economía con Master en Finanzas

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Aun así, usted continúa considerando este tipo de análisis, porque reconoce que la economía es importante. Me permito, entonces, hacerle hincapié de la siguiente manera. Piense que en realidad el porcentaje lo que pretende reflejar es la velocidad, tal como el indicador de kilómetros por hora en el tablero de un vehículo; de igual manera, esas cantidades ilustran dónde vamos a estar más adelante en la carretera.

Por ejemplo, ante la pregunta ¿cómo está la economía? la respuesta sería a 2.3 %. El asunto es que ese número refleja la velocidad con que el valor de la producción general se incrementó en 2017. También, su reacción ante la pregunta ¿qué le parece esa velocidad?, seguramente dependerá de su situación, si ha tenido más ventas, o menos ingresos; por lo cual 2.3 % es más un parámetro general. No obstante, lo cierto es que la economía salvadoreña va muy despacio, incluso para dinamizar los ingresos de los más pobres, mientras que otros países de Centroamérica le sobrepasan sin dificultad.

También, habrá escuchado que la deuda pública, en relación con la producción nacional, que realmente revela los ingresos con que el país puede contar, es muy elevada. Seguramente se habrá enterado que, a nivel público, los ingresos no alcanzan a cubrir los gastos, y siempre el Estado tiene que pedir prestado. Esta situación conduce al gobierno a enfrentar los mismos problemas financieros, que usted cuando debe esperar el siguiente pago.

Sin embargo, de cara al desarrollo, el mayor contraste se encuentra entre la velocidad del vehículo de la educación, que va a 1.3 %, y la velocidad del vehículo de la deuda pública que va a 5.5 %. A pesar de que los ingresos por concepto de impuestos y otros que recoge el sector público van a una velocidad de 6.5% más lo que recibe a través de deuda, lo que gastó en educación, en relación con la producción no despega. Entre 2010 y 2017 se mantiene a 3.9 % del PIB.

Un aspecto importante que incide en estas circunstancias son los intereses, que aumentan con más deuda. Los intereses van a una velocidad de 13.4 %, mucho más rápido que el crecimiento y los precios de la economía, pero, además, los intereses son más veloces que el gasto en educación. A este paso, sin modificaciones, lo que el fisco tendrá que pagar en intereses alcanzará al gasto en educación y lo rebasará en el año 2020, con más de $1,102 millones.

De manera contraria, reduciendo lo que tiene que pedir prestado cada año, se tiende a desacelerar la deuda y con ello, el pago de intereses, con lo cual sí es posible generar un espacio para un gasto tan importante como la educación. Así, entre muchos temas de transcendencia, “también” en relación con la deuda, el boletín del Vaticano de mayo de 2018, menciona que “los Estados están llamados a revertir la situación con una adecuada gestión del sistema público, mediante sabias reformas estructurales, y una sensata repartición de los gastos e inversiones prudentes”¹. Si no es así, la tendencia no cambiará, y usted y yo ya conocemos cuál es el “odómetro” en estas relaciones y podemos describir hacia dónde nos dirigimos.

¹“Consideraciones para un discernimiento ético sobre algunos aspectos del actual sistema económico y financiero”, 17.05.2018.

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