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Educar para la vida

La educación es una de las actividades más dignas y de mayor responsabilidad que puede tener un individuo. Hablar del maestro es hablar de los verdaderos forjadores de la juventud que en el futuro dirigirán los destinos de un país, mediante el conocimiento sereno y honrado de sí mismo.
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Recuerdo que un maestro, cuando estaba en el área de bachillerato, nos contó un cuento corto sobre un caballo que cayó en un pozo muy profundo, de donde sería extremadamente difícil sacarlo. Al percatarse el dueño de que el animal aún estaba vivo buscó ayuda, pero por el alto precio para sacarlo pensó que no valía la pena y decidió sacrificar al animal tirándole tierra al pozo hasta enterrarlo ahí mismo. Ocurrió que comenzaron a echar tierra en el pozo para soterrar al caballo, pero el animal a medida que le caía tierra se la sacudía y se iba acumulando en el fondo, posibilitando que el caballo subiera y subiera para finalmente salir del pozo.

Concluimos con que si estamos abajo, sintiéndonos poco valorados porque otros “nos tiran tierra”, recordemos la historia del caballo, para que nos sacudamos esa tierra y subamos sobre ella. Con este ejemplo, el maestro quiso educarnos para la vida y nos recordó que los conocimientos se olvidan. Según Decroly, pedagogo, psicólogo, médico y docente belga, “el último fin de la educación es la preparación para la vida”. Esta preparación se considera tanto para la vida del niño de hoy (ser buen hijo, buen estudiante), como para la vida del hombre del futuro (buen padre, buen profesional). La preparación ha de ser completa y no reducirla a una concepción utilitarista (prepararlos solamente para ganar dinero y tener cosas), ni a una visión hedonista de la existencia (buscar solamente el placer y la satisfacción).

Dentro de la vida profesional, debe recalcarse a los estudiantes que los conocimientos que se aprenden en las diferentes asignaturas generalmente se olvidan, y la prueba es que quien dicta la cátedra tiene siempre en sus manos información a la vista para darla a conocer a los estudiantes, pero algunas conductas como la solidaridad, el respeto, la ayuda mutua, responsabilidad, cooperación, si se les ha dado seguimiento en las instituciones con los estudiantes, quedan para la posteridad y difícilmente se olvidan. En la preparación para la vida se forma en los jóvenes la libertad y la aceptación de la responsabilidad personal, se forman en la solidaridad y el servicio a los demás y que aprendan a llevar una vida honesta de virtudes y valores.

Ante los reclamos de la sociedad respecto a la educación en nuestros países hay que decir que la tarea educativa tiene sus limitaciones, y que la educación no es una responsabilidad única de los maestros, ni de la familia, sino de toda una sociedad entera.

Felicito en su día tan especial a los maestros que con paciencia y esfuerzo dedican horas a formar a sus alumnos para que sean mañana personas críticas, creativas. Howard Hendricks, profesor, intelectual y escritor estadounidense apuntó que “la enseñanza que deja huella no es la de cabeza a cabeza, sino la de corazón a corazón”. En tanto Carl Gustav Jung, médico psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo nos dijo: “Uno recuerda a sus maestros brillantes, pero con gratitud a aquellos que tocaron nuestros sentimientos”.

Tags:

  • educacion
  • bachillerato
  • vida
  • solidaridad

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