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Ejercicios de limpieza

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En la democracia, el único imperio legítimo es el imperio de la ley, que siempre contiene marcos y límites para todas las conductas que se desenvuelven en los distintos ámbitos nacionales, sean públicos o privados. En otras palabras, todos los individuos y todas las organizaciones, incluyendo desde luego las estatales, se rigen por los mandatos del orden legal, según lo cual el poder, en cualquiera de sus manifestaciones, debe ajustarse a los esquemas ordenadores correspondientes. El poder incide, por supuesto, en las definiciones de la ley, pero tiene que hacerlo según los métodos que la misma legalidad establece, y si se sale de ellos lo que ocurre es que la democracia y la seguridad entran en crisis que pueden llevar al quebranto estructural del sistema. En nuestro ambiente, estamos construyendo la democracia, y, por ende, el imperio de la ley enfrenta casi a diario desafíos heredados del antiguo régimen de corte autoritario. No es de extrañar, entonces, que haya aún tantas piedras en el camino de la ley actuante, aunque también hay que decir que la democracia opera, pese a sus debilidades aún no superadas, como una especie de maquinaria limpiadora de obstáculos y reparadora de baches. Eso es lo que estamos viendo cada vez con más nitidez y frecuencia en el ejercicio cotidiano, y es lo que mantiene a muchos de los beneficiarios de las prácticas antiguas en ascuas y a la defensiva. Pero la democracia avanza, no sin tropiezos, y en ello estriba nuestra mejor apuesta de futuro.

Tags:

  • democracia
  • leyes
  • derecho

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