El Estado de Derecho requiere liderazgo y apoyo público

Además de arrancar la vida de otro ser humano, el asesinato de un policía mina la justicia y el Estado de Derecho para todos los ciudadanos. Los hombres y mujeres que sirven en la Policía arriesgan su propia seguridad para defender la ley y protegernos a todos. Es importante que no permanezcamos en silencio cuando son asesinados en cumplimiento de su deber.
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Cada mañana, cuando leo las noticias, encuentro nuevos titulares sobre muerte: niños inocentes atrapados en el fuego cruzado, jóvenes vidas segadas antes de que pudieran alcanzar su potencial y, más recientemente, ocho policías asesinados.

Como amiga de El Salvador, estas noticias me causan enorme tristeza, como seguramente le pasa a todos los salvadoreños, tanto aquí como en el extranjero.

Mi corazón se conduele con las familias dolientes de este país. Todas las víctimas de la violencia dejan atrás gente que la quiere, que depende de ella y que la extraña profundamente. Demasiadas familias en El Salvador soportan una impactante carga de pesar.

Esta también es la dolorosa verdad cotidiana que enfrentan las familias, amigos y colegas de quienes han sido asesinados porque decidieron servir al país prestando su servicio en la Policía Nacional Civil.

Además de arrancar la vida de otro ser humano, el asesinato de un policía mina la justicia y el Estado de Derecho para todos los ciudadanos. Los hombres y mujeres que sirven en la Policía arriesgan su propia seguridad para defender la ley y protegernos a todos. Es importante que no permanezcamos en silencio cuando son asesinados en cumplimiento de su deber. Sus muertes afectan a cada miembro de la sociedad, no importa quién sea o dónde viva.

Ser un agente policial es un trabajo difícil en cualquier país. Pero aquí en El Salvador, este trabajo se vuelve aún más complicado por los ataques directos de las pandillas. Estos ataques son una atrocidad. Todo el pueblo salvadoreño debe alzar la voz en apoyo a los agentes del orden que cada día arriesgan su vida por nosotros. Al mismo tiempo, las autoridades salvadoreñas, con el apoyo de cada uno de los ciudadanos, deben actuar para llevar ante la justicia a quienes asesinan a los salvadoreños, policías y cualquier ciudadano.

El reciente anuncio hecho por el Gobierno de El Salvador, de que han decidido trasladar a la cárcel de máxima seguridad a algunos de los criminales más violentos, incluyendo a algunos de los responsables de matar a policías, es un paso en la dirección correcta en la lucha contra el crimen y la violencia. Esa acción demostrará voluntad política y renovará la confianza de los ciudadanos en el Estado de Derecho.

Otra acción clave es continuar los esfuerzos para que los criminales más peligrosos no actúen con impunidad. Es crucial que el gobierno, las instituciones de seguridad y el sistema judicial se comprometan con dar esos difíciles pero necesarios pasos, por el bien de todo el país.

El Estado de Derecho no debe darse por hecho, debe construirse y debe ser protegido. Esto requiere instituciones fuertes y transparentes que protejan a sus miembros mientras que siguen sirviendo a sus comunidades. Requiere que los líderes de un país sean determinados y visionarios. Pero para tener éxito, los líderes necesitan ciudadanos que apoyen esa visión.

En este momento clave, espero que todos los salvadoreños se unan en favor de la justicia. El pueblo tiene derecho a recibir protección y seguridad de una fuerza policial profesional y bien entrenada. Sin embargo, el pueblo tiene también la obligación de apoyar a quienes dan su vida por el servicio público y tiene la obligación de demandar justicia, de oponerse a la corrupción en todas sus formas y de mejorar continuamente las instituciones de seguridad.

Ningún agente de policía, ninguna fuerza policial, puede hacer su trabajo sin el apoyo de sus compatriotas.

La experiencia de Estados Unidos, de Colombia y de las comunidades salvadoreñas con las que ya trabajamos a través del Asocio para el Crecimiento nos indica que hay muchas razones para tener esperanza. Con paciencia, dedicación y un férreo compromiso, las comunidades pueden encaminarse hacia la recuperación.

El Salvador que he conocido y aprendido a querer es una nación de gente fuerte y capaz. El Salvador puede vencer este flagelo criminal que enfrenta actualmente. Empecemos por honrar la memoria de estas víctimas, tanto policías como civiles, y trabajemos por poner un fin a la violencia en El Salvador.

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