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El Estado está en el deber inexcusable de cumplir sus obligaciones establecidas, y para ello necesita aplicar la disciplina en todos los sentidos

En el país ha ido tomando fuerza la distorsionada cultura de endeudarse para sostenerse, cuando justamente el endeudamiento irresponsable es una de las bases de la insostenibilidad. En esto también hay que corregir el rumbo, y hacerlo de manera eficaz y definitiva, porque de lo contrario avanzamos hacia el desastre anunciado.
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La situación irregular y peligrosa que desde hace ya bastante tiempo vienen padeciendo las finanzas públicas es una muestra fehaciente de que el manejo de la institucionalidad está en zona de crisis, lo cual debe ser reconocido y remediado sin más tardanza para evitar males aún mayores. El hecho patético de que cada año existan hoyos fiscales que hay que ir llenando a como dé lugar evidencia que las responsabilidades institucionales no se han venido asumiendo en forma sensata y eficiente. Uno de los puntos más sensibles dentro de esta problemática de procedimiento es el que se refiere a la sinceridad presupuestaria, que está ausente desde hace mucho. Se aprueban Presupuestos Generales en los que los ingresos están sobredimensionados y en los que los egresos se ocultan o se disfrazan, lo cual lleva a distorsiones constantes que son cada vez de más complejo tratamiento.

Caso muy notorio en estos días es el de la falta de pago del FODES a las municipalidades del país, que es una obligación legal perfectamente identificable, y por consiguiente de estricto cumplimiento por la vía de la normalidad financiera. El retraso ya sistemático en el pago del FODES hace que muchos entes municipales se hallen en condición calamitosa e inestable, con los efectos que eso trae consigo especialmente para las poblaciones respectivas. Al momento hay tres meses de retraso y no se ven señales de que esto vaya a normalizarse de inmediato, lo cual mantiene en vilo a muchísima gente. Para graficar el impacto negativo, COMURES, en un comunicado que se publicó ayer manifiesta: “Se ha ocasionado impago en buena parte de las planillas de salarios y aguinaldos, y lamentablemente entre más pequeño y escaso de recursos es el municipio, más familias resultan afectadas”. Como siempre, los más débiles son los más sufridos.

No hay ninguna excusa válida para que estos vacíos se estén dando, y depender ahora del endeudamiento para cubrir lo que se debió atender con los ingresos normales constituye sin duda una anormalidad que tendría que ser corregida de inmediato. En el país ha ido tomando fuerza la distorsionada cultura de endeudarse para sostenerse, cuando justamente el endeudamiento irresponsable es una de las bases de la insostenibilidad. En esto también hay que corregir el rumbo, y hacerlo de manera eficaz y definitiva, porque de lo contrario avanzamos hacia el desastre anunciado. El tema principal, pues, no es entenderse para seguir endeudándose sino entenderse para asegurar la disciplina en las diversas áreas del manejo financiero.

Venimos sufriendo de indisciplina fiscal ya por hábito indeseable e injustificable, y esto no puede continuar así, porque cada día nos empantanamos más, alejando en la misma medida las soluciones apropiadas. Para el caso, aún es tiempo de entrar en razón sobre el Presupuesto General de 2017, a fin de hacer las readecuaciones que aseguren su viabilidad, ya que de no ser así en 2017 se repetirá la desafortunada experiencia de 2016. No es hora de empecinamientos estériles sino de valoraciones marcadas por la lucidez y la responsabilidad. 2017 será año preelectoral en dos sentidos, y los políticos deben tener en cuenta que sus desatinos se pagan caros.

Ojalá que pueda darse lo más pronto posible un giro cierto y verificable en el sentido de lo que hay que hacer conforme a la ley y a la razón. Sólo la disciplina bien administrada ofrece líneas hacia el éxito en cualquier actividad de la vida personal y colectiva.

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