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El Himno al Maestro salvadoreño llama a alcanzar la paz a través del ejemplo

Siempre que escucho el Himno al Maestro se me eriza la piel; más si lo cantan los niños de los primeros grados. Lo hacen con mucha pasión y energía; sin embargo, es oportuno reflexionar sobre el contenido de su letra.
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Ricardo Bracamonte / Máster en Evaluación y Política Educativa

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Este mes de junio, las escuelas y las aulas de cada centro escolar se engalanan de manera particular para celebrar al maestro.

Una de las estrofas de ese himno, escrito por el salvadoreño Ciriaco de Jesús Alas, dice: “De tus hijos la más rica prenda/ de virtud el ejemplo les das/ y sobre ellos haced que descienda/ de los cielos hermosa la paz”.

Dos misiones para el maestro: dar a los estudiantes el ejemplo de virtud y hacer que sobre ellos descienda, de los cielos, hermosa la paz.

No es poca cosa: ser ejemplo de virtud y hacer que llegue la paz al corazón de la niñez y la juventud salvadoreñas.

Justamente, de eso nos habla el también salvadoreño doctor Florentín Meléndez, en su libro “El Pequeño Libro de los derechos, los deberes y las virtudes”, quien afirma: “Las virtudes son las cualidades que nos permiten hacer siempre el bien y actuar apegados a la moral y a nuestros deberes y responsabilidades para con nosotros mismos y para con los demás”.

Y agrega que las virtudes de cada niño o niña, joven o adulto, se manifiestan y se enseñan diariamente a través del ejemplo, cuando respetamos la dignidad de los demás y cuando ejercemos y practicamos correctamente nuestros derechos y cumplimos cabalmente con nuestros deberes”.

Es un libro dirigido a niños y niñas y también a maestros; en él se plantean preguntas y se sugieren ejercicios para que en los centros escolares puedan poner en práctica los derechos, los deberes y las virtudes.

Este salvadoreño, especialista en derechos humanos, hace un importante aporte para fortalecer el llamado del Himno al Maestro, en este momento en que la convivencia en la escuela, en la familia y en la sociedad se vuelve de urgente necesidad para alcanzar la paz tan anhelada por todos los salvadoreños y que los maestros, a través de su ejemplo, pueden colaborar a que “baje del cielo” para que la gocen sus estudiantes.

El libro, publicado en 2000, ofrece, además, tres instrumentos básicos sobre derechos humanos y deberes: la Declaración de los Derechos del Niño, la Declaración Universal de Derechos Humanos y la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre.

Cuando escuche de nuevo el Himno al Maestro, seguramente lo oiré emocionado pensando en aquellos docentes que con su ánimo levantado impulsan diariamente a la niñez y a la juventud hacia su éxito profesional y hacia su éxito como ciudadanos responsables.

En 1928, fue decretado el Día del Maestro, en ese entonces se justificó indicando que “no hay arte más sagrada, ni más bella y alta misión que la del maestro, porque este educa, enseña y redime a los pueblos” y seguramente ahora podemos decir: “dulces himnos cantemos de gloria” a los maestros abnegados que ayudan a construir la paz y la felicidad en la escuela salvadoreña.

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