El PARLACEN

El 25 de mayo de 1986, los presidentes de las Repúblicas de Centroamérica suscribieron en Guatemala la Declaración de Esquipulas I, y en ella dijeron, entre otras cosas, lo siguiente: “Es necesario crear y complementar esfuerzos de entendimiento y cooperación con mecanismos institucionales que permitan fortalecer el diálogo, el desarrollo conjunto, la democracia y el pluralismo como elementos fundamentales para la paz en el área y la integración de Centroamérica”.
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Fue con el anterior propósito que decidieron crear el Parlamento Centroamericano, en el que sus integrantes serían electos libremente por sufragio universal directo, respetando el principio de pluralismo político participativo.

En cumplimiento a lo resuelto en Esquipulas I, se suscribe en octubre de 1987 el Tratado Constitutivo del PARLACEN por los Estados de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, cobrando este vigencia a partir del 1.º de mayo de 1990, cuando Guatemala, Honduras y El Salvador se convirtieron en los primeros tres países depositantes del Tratado. Estamos hablando de un organismo regional que tiene casi 25 años.

Por su parte, el Tratado Constitutivo del PARLACEN establece que cada Estado miembro elegirá los veinte diputados titulares y sus respectivos suplentes, de conformidad con las disposiciones que fueren aplicables en las legislaciones nacionales que regulan la elección de diputados de las Asambleas Legislativas.

Y es así como cada tres años, los salvadoreños acudimos a las urnas a elegir a los diputados de la Asamblea Legislativa, pero también a los diputados del PARLACEN. Lo que llama a la reflexión es que en el pasado casi nadie se ha percatado de haber votado por diputados a este órgano regional. La inmensa mayoría de ciudadanos lo ha hecho de forma automática e irreflexiva, sin conocer por quién están votando, para qué están votando y qué es lo que pueden exigir a los que han resultado electos.

Es triste que a pesar de su prolongada existencia, muchos salvadoreños se hayan dado cuenta de este órgano regional, solo a partir de la todavía reciente declaratoria de inconstitucionalidad de uno de los artículos del Tratado, que permitía que el presidente de la República se convirtiera en miembro del PARLACEN sin una previa elección a través del voto directo.

Es todavía más triste que la mayoría de los diputados que han venido siendo elegidos durante estos años no se hayan percatado del compromiso adquirido y no conozcan ni siquiera las funciones que dentro del proceso de integración está llamado a tener el PARLACEN. No es un secreto que las diputaciones en este órgano han servido para dar cobijo a funcionarios desempleados, a familiares y a personas que lo único que han querido es prorrogar el beneficio de la inmunidad.

No parece que esto vaya a cambiar mucho en las próximas elecciones de marzo en las que de nuevo elegiremos diputados al PARLACEN. Es cierto que ya no votaremos a ciegas porque esta vez sí sabremos quiénes son los candidatos propuestos por los partidos políticos, pero eso no ha evitado que la mayoría de los candidatos propuestos no cuenten con el perfil necesario para representarnos regionalmente; abundan los familiares y amigos en los listados propuestos.

El CEJ mantiene intacto su espíritu integracionista y es por eso que insiste en promover una revisión y reestructuración completa del sistema de integración, lo cual desde luego pasa, entre otros varios temas, por revisar las atribuciones del PARLACEN, la forma de elegir a sus diputados, las atribuciones y el número de estos, el presupuesto asignado y la interacción con otros órganos del sistema de integración.

Mientras tanto, los ciudadanos debemos darle a esta venidera elección la importancia que merece y elegir libre, pero reflexivamente, a quienes pensamos pueden de verdad representarnos y liderar este esfuerzo.

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