El Poder de los Sin Poder

Hace dos días el tiránico gobierno del dictador venezolano, Nicolás Maduro, intentó nuevamente callar las voces de su pueblo, quienes se manifestaban pacíficamente gritando por la libertad que han perdido; los venezolanos de bien salieron a las calles de Caracas, sabiendo que su osadía terminaría con un saldo trágico de muertos, golpeados, arrestados y desaparecidos; pero aun así salieron y se enfrentaron contra el déspota y su gobierno, que enceguecido por el poder, parece no haberse percatado del repudio de propios y extraños y de cómo se acerca su propia destrucción, motivada por la miopía de quien hace rato se divorció del pueblo.
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Ayer, jueves, nos acompañó en la conferencia quincenal del Movimiento ciudadano Libertad, la Dra. Tamara Sujú Roa, abogada especialista en Derechos Humanos, quien representa a una porción importante de los venezolanos en el exilio, y nos recordó que lo único que detiene a los tiranos y a las dictaduras es la fuerza del pueblo, que al fin y al cabo es la voz de la mayoría silenciosa.

En El Salvador, el gobierno central insiste en llamar “faro de luz” a ese fatídico gobierno de Chávez y de Maduro y avergüenza a la gran mayoría de salvadoreños votando en contra de la democracia y alineándose con el dictador suramericano para impedir sanciones de las naciones americanas. Acostumbrados como están a agredir a quienes se les oponen, otro representante del FMLN insultó al senador Rubio y al Pueblo Estadounidense, mientras con la otra mano seguían mendigando ayuda para salir del impago que ellos han provocado.

El espectáculo en nuestra tierra no puede ser más desalentador, un gobierno totalmente inepto que prefiere dilapidar recursos en comidas y bebidas alcohólicas o en una “marca país”, que pagarle a maestros y médicos; un gobierno que aprueba un presupuesto desfinanciado, no honra sus compromisos y que el resultado es la baja en la calificación internacional del país; un gobierno que se olvida de los ancianos y los pensionados y se contenta con responsabilizar a la oposición de su propia incompetencia; un gobierno indolente al sufrimiento del pueblo y a sus muertos y al drama cotidiano de una generación que se juega la vida por migrar, para no continuar viviendo la tragedia de las maras y de la falta de oportunidades y que además blinda a sus funcionarios con fuero, declarándolos intocables, en fin, un gobierno incoherente que continúa gastando el dinero que no tiene, pero aumenta a sus ciudadanos el servicio de la luz y el agua.

Dicen que el último recurso de los estúpidos es culpar de todos los errores a los demás y utilizar sofismas primarios como insultar y descalificar a quien alce la voz contra su ineptitud; yo no estoy de acuerdo: acá ha sido (y sigue siendo) no el último, sino el primero y el único recurso de estos fatídicos gobernantes que nos sumen en la desesperanza. Pero de nosotros, del Pueblo, es que depende que se los permitamos; el Pueblo es el Soberano y somos nosotros quienes podemos callar el grito asqueroso de quienes no quieren (o acaso ya no pueden) ver el drama cotidiano del salvadoreño común y corriente; y esa es la solución: debemos unirnos todos los que creemos en la libertad, sin las divisiones que ellos han provocado artificialmente para impedir esa unión; ricos y pobres; liberales y conservadores; hombres y mujeres; viejos y jóvenes; izquierdas democráticas y derechas con el mismo denominador; en fin todos, porque solo así les demostraremos a los corruptos e incapaces el sentido del PODER DE LOS SIN PODER.
 

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