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El Premio Cervantes de Literatura y la crisis de la dictadura de Ortega

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Alberto Arene / Economista/analistaInternacionalmente

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Daniel Ortega y Sergio Ramírez, dos hombres tan unidos en la lucha contra la dictadura somocista en la década del setenta, y aún más en los gobiernos sandinistas de la década del ochenta como presidente y vicepresidente, se separaron para siempre en 1994, cuatro años después de la derrota electoral del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) frente a la coalición liderada por Violeta Barrios de Chamorro, la viuda de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, el periodista mártir de las libertades públicas, asesinado por la dinastía somocista. Optaron por caminos distintos. Esta semana el caudillo es condenado nacional e internacionalmente por reprimir a su pueblo, y el escritor e intelectual galardonado con el mayor reconocimiento de la literatura en lengua castellana.

Daniel Ortega, el caudillo, optó por el control total del partido y por un proyecto populista autoritario que condujo a la dictadura en la última década cuando, finalmente, regresó al gobierno tres veces consecutivas (2007-2021) después de violar la constitución y controlar progresivamente todos los poderes del Estado. Sergio Ramírez, el escritor, el intelectual, lideró primero el surgimiento del Movimiento de Renovación Sandinista (MRS), retomando inmediatamente después su oficio y pasión como novelista. Un cuarto de siglo después, exactamente al mismo tiempo, Ortega es repudiado nacional e internacionalmente por reprimir la protesta de decenas de miles de jóvenes estudiantes en las calles y en los barrios de las principales ciudades de Nicaragua, mientras Ramírez es reconocido con la máxima distinción de la lengua castellana, el Premio Cervantes de Literatura, en un acto presidido por los reyes de España celebrado en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares.

Frente a su familia, su pueblo y la historia, así comenzó el poeta y novelista su discurso frente a los reyes y al presidente de España: “Permítanme dedicar este premio a la memoria de los nicaragüenses que en los últimos días han sido asesinados en las calles por reclamar justicia y democracia, y a los miles de jóvenes que siguen luchando sin más armas que sus ideales, porque Nicaragua vuelva a ser República”.

Y luego continuó evocando a Rubén Darío “quien creó nuestra identidad, no solo en sentido literario, sino como país” para después afirmar que “Rubén abrió las puertas a generación tras generación de poetas siempre modernos, hasta hoy, con nombres como los de Carlos Martínez Rivas, y Ernesto Cardenal y Claribel Alegría, honrados ambos con el Premio Reina Sofía de Poesía Hispanoamericana; o el de Gioconda Belli”, para luego agregar: “Curioso que una nación americana haya sido fundada por un poeta con las palabras, y no por un general a caballo con la espada al aire”.

Hace un mes tuve el honor de entrevistar a Sergio en el programa FOCOS donde revisando la historia latinoamericana, afirmó: “A la par del caudillo militar, marcha otra tropa, que es la de los intelectuales, los civiles. Y siempre se produce un choque. El intelectual que escribe las leyes y el militar que no quiere bajarse del caballo. El intelectual tiene mayor racionalidad en el juego político. Cuando ve que no se puede se termina retirando. En la historia de Centroamérica siempre vamos a encontrar a los intelectuales enfrentados a los caudillos”.

Su pueblo ha comenzado, finalmente, a arreglar cuentas pendientes con esta nueva dinastía familiar, con esta dictadura que, finalmente, ha entrado en crisis. En este momento crucial de la historia de su patria, Sergio Ramírez el poeta y novelista, el intelectual y demócrata, recibe este gran reconocimiento como hijo emérito de este maravilloso pueblo de Darío, pueblo de poetas, en que lleno de luces y coraje volverá a bajar del caballo al caudillo.

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