El Salvador convulsiona... ¡Qué alegría!

El Salvador convulsiona. La cloaca se destapa y el olor se hace perceptible para todos.
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El Salvador convulsiona...  ¡Qué alegría!

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La realidad nos obliga, afortunadamente, a no poder seguir defendiendo lo indefendible. No importa si son culpables o no, pero hoy por hoy nadie se salva. Hoy, simultáneamente, militares, izquierda, derecha, viejos y jóvenes son protagonistas de los escándalos de primer plano que ocupan al país. Más allá de sus juicios y su responsabilidad o inocencia, esta es una gran oportunidad para El Salvador. Nuestras ideologías han sido cautivas de unos grupos que supuestamente las representaban pero que al final se afincaron y con el transcurso del tiempo fueron desdibujando el espíritu que los movía para irse acomodando a un juego donde las reglas responden a intereses mezquinos que poco o nada tienen que ver con el bienestar común. Que exista la izquierda o derecha, en todos sus matices, no es malo, es necesario. Lo malo es confundir y minimizar nuestras formas de pensamiento obligándolas a encajar en el actual juego político de El Salvador. Lo malo es seguir perdiendo el tiempo. Lo malo es no darnos cuenta de que la gran mayoría hemos acabado como simples espectadores de un juego en el que, al menos hasta ahora, solo unos pocos habían sido ganadores.

El escenario actual es una oportunidad de oro. Es el momento de intentar levantar la mirada y entender que no hace falta renunciar a nuestras orientaciones políticas para poder trabajar de manera diferente. Es el momento de admitir que las formas tradicionales de hacer política no están bien y que de seguir en este curso nos estamos precipitando al abismo. Es el momento de despertar, de exigir, de propiciar los cambios. No se trata de que todos pensemos o entendamos el mundo desde una misma perspectiva, se trata de hacer un alto y darnos cuenta de que las “causas” tradicionales que hemos defendido y por las que constantemente estamos en confrontación son un fantasma desdibujado que nos devora. Que la triste situación de nuestro país nos obliga a repensar de cara al futuro. ¿Queremos más de lo mismo?, ¿son estos caminos los que nos llevan a la meta?, o ¿hemos estado transitando en espirales sin perspectivas de salida que solo nos envenenan?

El que para muchos fue el mejor presidente de la derecha, la carta de esperanza del cambio de la izquierda, los más altos representantes de la época militar, el alcalde “de nueva generación”, y otros que vienen en la cola, nos encaran con la realidad. Todos ellos son un símbolo, todos ellos son una muestra de prácticas, ocultas a toda luz, de lo que ha caracterizado a nuestra historia política. A ellos simplemente les tocó el punto en el que reventó la válvula. Independientemente que sean absueltos o condenados en un juicio, la lección va más allá. La lección es para el resto de nosotros. Dejemos de ser borregos, empecemos a ser actores, exijamos y comprometámonos. Todos tenemos hoy algo que perder... pero igualmente todos tenemos hoy la oportunidad de recapacitar y ganar. No hay soluciones de corto plazo, no hay recetas mágicas ni medidas milagrosas, pero, si despertamos hoy, tenemos el futuro por construir y podemos construir una historia diferente... participar de una historia que tenga un final más feliz.

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