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El Salvador, estima y caos

Al generalizar y maldecir las condiciones de El Salvador, caemos en la trampa de olvidar que nosotros también somos parte del país. Es fácil tender a despreciar las condiciones sociales y excluirse de ellas pero una nación no es un concepto abstracto, es sus ciudadanos.
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<p>Tal y como sucede con el estima personal que determina la confianza para trazarse objetivos, trabajar con esfuerzo y proyectarse a futuro; la estima colectiva tiene el poder para construir o desconstruir el futuro.</p><p>&nbsp;</p><p>En el plano personal, el individualismo es una trampa peligrosa que engaña con facilidad relegando a segundo plano valores nacionales básicos como la solidaridad para la convivencia. </p><p>Socialmente es aceptada la competencia y hasta la agresividad para alcanzar el éxito personal. Un fenómeno que representa la poca confianza en El Salvador es la migración de jóvenes profesionales, un hecho real y que no se puede condenar. Lo que sí debe alertarnos es el poco interés que estos jóvenes tienen en volver y aportar.</p><p>&nbsp;</p><p>En lo colectivo, la falta de estima y la mediocridad para con El Salvador es omnipresente. Uno de los sucesos en el que se puso de manifiesto fue en el bono de $1.8 millones que solicitó el Sindicato de los Trabajadores y Trabajadoras del Órgano Judicial (SITTOJ) y que fue aprobado por los magistrado de la Corte Suprema de Justicia. El SITTOJ respaldó a los magistrados de la generación 2012 y 2006, declarados inconstitucionales y a cuyos líderes vimos en las noticias blindando puertas y gritando consignas revolucionarias de justicia social. </p><p>En días recientes, los mismos personeros aparecen de nuevo en la palestra solicitando un bono millonario en un país cuyos hospitales y escuelas adolecen de carencias que afectan a los sectores más pobres del país. Es obvia la inconsecuencia, la falta de ética y la distorsión de prioridades que se vive en el Estado. </p><p>&nbsp;</p><p>Dos hechos aislados nos hablan de la poca confianza y la baja estima que sentimos por El Salvador. Talentos que se fugan y grupos sindicales que parecen ignorar la precariedad de otros sectores como salud y educación. </p><p>Abatidos por el caudal de malas noticias que recibimos es difícil imaginar un futuro de promesas dentro de nuestras fronteras. Sí hay soluciones y sí hay futuro. Es un buen ejercicio explorar casos y lecciones de otras naciones que se reinventan. </p><p>El fenómeno de la fuga de talentos podemos contrastarlo con la experiencia de los “argonautas” de India (jóvenes profesionales que ayudaron a impulsar el auge tecnológico del país al inicio de la década de 2000), aportaron a su trabajo las ideas, experiencia y dinero que acumularon en Estados Unidos y otros países. El modelo de la industria del software se instauró en India en la medida que establecían oficinas en ese país.</p><p>Desafiar un futuro caótico empieza por comprender que cada individuo cuenta para crear condiciones de bienestar social. Valorar a El Salvador es exigir activamente a los funcionarios públicos que establezcan sus prioridades y sean transparentes en todos sus actos.</p><p>El orgullo nacional no es un conjunto de símbolos. Impulsar un proceso de identidad para El Salvador en el cual se reconozca el pasado, evalúe el presente, establezca prioridades y sobre todo que genere convicción colectiva sobre el futuro debe ser clave para que cada ciudadano valore y desarrolle sentido de pertenencia y compromiso para construir un país sostenible en el largo plazo.</p><p>&nbsp;</p>

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