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El Salvador, la guerra y posguerra

La ofensiva - noviembre de 1989 es un pasado desafortunado para muchos de la época; fue un conflicto dividido en ofensiva guerrillera y respuesta militar, ambos en parte forzados a contrarrestar exigencias de poder de uno y otro bando. Durante esa ofensiva, salvadoreños, extranjeros, etcétera, nos vimos obligados a permanecer casi las 24 horas resguardados en nuestras casas, albergues, bajo el riesgo de bombas, balas perdidas, algunos sin comida, desplazamientos de ciudad en ciudad e incluso países, etcétera.
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A los compatriotas salvadoreños nacidos entre los años noventa y siguientes, también a los extranjeros, etcétera, radicados en El Salvador pero que no vivieron esa cruel etapa en nuestro país, les digo lo siguiente: la sentencia dictada por la Corte Suprema de Justicia en derogar la Ley de Amnistía aprobada en 1993, y pasados también 23 años desde que El Salvador firmó los Acuerdos de Paz, ciertamente nada de eso cambiaría la realidad actual, pues pareciera que aún estamos en guerra, la ciudadanía sufre a diario violencia y crímenes sin precedentes. Solo basta revisar en los libros, procurar acceso a internet, revistas, periódicos o cualquier otro material bibliográfico que básicamente explican las razones de por qué esa ofensiva de 1989 fue difícil; comprenderemos que efectivamente sí ocasionó problemas sociales, daños materiales, personas desaparecidas, retroceso de la economía, secuelas psicológicas, etcétera. Esa aberrante ofensiva podría clasificarse como algo sin perdón y si fuese el caso de buscar culpables y entablar demandas en calidad de ciudadano, entonces lo primero que yo podría reclamar sería la falta de protección del Estado de ese tiempo, por “haberme fallado y robado al igual que muchos otros niños mi época de infancia para vivir en paz, de igual manera siento que me fallaron también las fuerzas opresivas por causar (quizás voluntaria o involuntariamente) la destrucción material del puente Cuscatlán, presas hidroeléctricas, hechos forzados de secuestros, personas para que se les unieran a combatir, etcétera”. No obstante, algunos dirán que nada de lo anterior puede ser pagado, y más bien, una solución práctica podría ser perdonar y seguir adelante pensando en construir un futuro prometedor, con oportunidades de progreso y desarrollo.

Derogar tan controversial ley no es la solución a nuestros problemas, más bien en la actualidad la raíz del mal se encuentra en el hecho de no hacer cambios estructurales al modelo económico, social, político, educativo, cultural, integración regional, etcétera, cualquiera que sean las razones de la guerra, debería servirnos únicamente para comprender las consecuencias que pueden causar a un país o gobierno el fenómeno de guerras y guerrillas, etcétera, en el peor de los casos si el punto es juzgar el pasado, deberíamos modificar las leyes e incluir la opinión de los salvadoreños a través de un referéndum en pro de ser democráticos y conocer la verdad pero en función de exigir convertirnos en un pueblo libre con bases de “democracia más sólida”.

El Salvador debe resurgir como nación y reestructurar un plan de nación que permita erradicar la actual violencia pandilleril, organizada, etcétera, invertir intensivamente en educación de calidad, promulgar leyes de respeto comprometidas con la sociedad, controlar la austeridad fiscal, instituciones públicas de real independencia, programas de inversión social y disminución de la migración masiva de nuestros niños que son el futuro de El Salvador y procurar evitar que otras naciones por ventura en forma “involuntaria” nos roben nuestro propio futuro y nos condenen a continuar en un mundo subdesarrollado, mejorar esquemas de fortalecimiento a la economía, asistencia en psicología, etcétera.

El Salvador es una nación estratégica de inversión y desarrollo, pero la violencia e inseguridad social del presente son los enemigos para tener inestabilidad política e incertidumbre en el futuro. La pregunta entonces debe ser: ¿Cuándo seremos libres y progresistas?

Tags:

  • guerra
  • amnistia
  • violencia
  • democracia

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