El Salvador tiene solución

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Dirigente gremialEl mundo está en constante evolución y todo cambia para bien o para mal. Y en esa dinámica de cambio, son los Gobiernos los principales protagonistas, responsables y obligados de tomar las más acertadas decisiones en función de buscar el desarrollo de sus pueblos. No obstante existen países que se estancan, y otros aún más preocupante, retroceden en lo político, económico y social por las malas decisiones de sus gobernantes y dirigentes. En este último grupo de naciones es precisamente donde germina, florece y se generalizan: corrupción, nepotismo, abuso de poder, impunidad, violación de los derechos fundamentales, incapacidad e ineptitud de sus líderes, y sin faltar por supuesto, la abundante presencia de politiqueros oportunistas de todas las tendencias y colores, quienes acaban por enquistarse en los órganos del Estado, para luego, en convivencia con los grupos de poder, se benefician individual y colectivamente de los maltrechos países como el nuestro.

Con frecuencia estos políticos informales manosean las leyes para favorecer a quienes tiene el poder y los medios económicos. Compran voluntades y evitan que impere la verdadera justicia social, frenando de esta manera el desarrollo económico y entorpeciendo toda libre iniciativa legal y honesta.

Es por estas actuaciones que la delincuencia opera impunemente y se fortalece cada día más. La informalidad en todos los ámbitos crece desproporcionadamente y un relicario de males se alinean para seguir perjudicando y dañando directa o indirectamente al pueblo honesto, trabajador y decente, obligándolo a convivir con una creciente psicopatía social que cada vez vulnera la tranquilidad y los derechos humanos de las personas trabajadoras y esforzadas.

Naturalmente tanta tragedia no ha surgido por generación espontánea: Mucho de ello se debe a la maledicencia de la corrupción, las maras y el crimen organizado que siguen extendiéndose por nuestro territorio nacional, a ciencia y paciencia de autoridades policíacas y del ejército, que de acuerdo con las noticias periodísticas, se ven superados por el asedio criminal, haciendo que el efecto psicosocial del crimen en todas sus formas ocasione gran incertidumbre ciudadana y un nefasto ambiente de desasosiego social.

Lo frustrante de esta situación son las acostumbradas respuestas institucionales que no pasan de ser discursos cínicos y mentirosos para entretener y engañar al pueblo, mientras los dirigentes políticos se vuelven millonarios a expensas del esfuerzo de un pueblo productivo y trabajador.

Pero, el padecimiento anímico negativo que nos envuelve se agrava más a causa de la pena que nos produce aceptar la mala posición que ostenta El Salvador entre los últimos lugares de diferentes rankings mundiales en varios ámbitos del quehacer humano. Así, cualquier autoestima nacional se deprime.

Para sacar al país de esta crisis, probablemente tendríamos que imitar casos como Singapur que vivió una etapa igual o peor que la nuestra, pero llegó un Gobierno valiente y radical que cansado de tanta putrefacta corrupción, maldad e impunidad dijo hasta aquí; y empezaron a tomar medidas severas, según cuenta la historia que empezaron a ejecutar en público a los gobernantes deshonestos y corruptos y a meter presos a funcionarios ineptos y negligentes del gobierno, convirtiéndose en la única forma de salir del abismo. Ahora Singapur es de los países más prósperos que compite con las potencias económicas de su continente. Visto así, entonces El Salvador sí tiene solución.

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