El aborto, una mirada científica y humana

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Pediatra intensivista. BioeticistaA las puertas del tercer milenio, pareciera que algunos grupos en la sociedad defienden los derechos pero solamente de ciertos humanos, en ciertas circunstancias y con ciertas características.

Por un lado, se les niega la personalidad a ciertos grupos de seres humanos (en caso del aborto, al embrión con enfermedades totalmente viables; y al bebé sano con mamá afectada en su salud). Y, por otro lado, se consideran sujetos de derechos a especies no humanas. Muchos de los tratados internacionales firmados por la mayoría de los estados sobre la base del derecho internacional recalcan que no se puede negar a nadie de la raza humana la libertad y calidad de personas ni discriminar debido a su raza, color, edad, salud o enfermedad, condición social, religión, tendencia política. Nuestra Constitución de la República que es la norma superior así lo establece. La norma jurídica también establece no haber motivo que justifique éticamente quitarle la vida a una persona que no puede defenderse y que no nos ataca.

Quiero hacer mención que desde el punto de vista médico el llamado “aborto terapéutico” confunde 2 situaciones distintas: una cosa es el tratamiento médico necesario con fármacos y/o cirugías a una mujer embarazada que lo necesita y que puede traer como consecuencia no deseada la muerte del embrión (acto voluntario indirecto) y otra muy distinta eliminar la vida intencionadamente del niño en aras de un supuesto tratamiento materno.

Los niños con patologías realmente inviables son menos del 0.01 %. La lista que manejan los promotores de la inviabilidad (que serán abortados) son los niños que a diario reciben tratamiento en los diferentes centros asistenciales del país con muy buenos resultados.

A pesar de ser considerados países en vías de desarrollo, los avances en la tecnología y conocimiento médico se perciben tanto a nivel público como privado de manera que esa colisión de derechos entre las 2 vidas se ha vuelto en la actualidad menos frecuente. Un nivel de medicina más o menos especializada dirime de manera oportuna y veraz el tratamiento de casos con dilema ético-médico.

Ante esta realidad creo que la colisión de los 2 derechos fundamentales, tanto de madre e hijo, se resuelve en la actualidad como ha sido resuelto en el pasado, a través del conocimiento y la aplicabilidad de la norma vigente de atención sanitaria establecida local e internacionalmente.

Los casos reales de auténtico conflicto ético entre madre e hijo que han existido siempre desde la fundación del ejercicio de la profesión médica en nuestro país (1841) y seguirán existiendo se han y seguirán resolviéndose con el ejercicio del acto médico ético y científico. Hasta este momento no se castiga por no ser héroe (art. 27 numeral sexto del Código Penal: no es responsable penalmente: quien actúa u omite en colisión de deberes, es decir cuando existan para el sujeto al mismo tiempo, dos deberes que el mismo deba realizar, teniendo solamente la posibilidad de cumplir uno de ellos).

Consecuentemente, pienso innecesario cambiar o modelar las leyes a imagen y semejanza de los casos especialísimos, improbables o peculiares. La ley es general y piensa en el 99.9 %. Para el caso especial, único, extraño, dejemos al médico capacitado decidir, que haga el tratamiento establecido por los cánones médicos y de conducta ética.

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