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El acertado voto de El Salvador en la OEA

Para la diplomacia salvadoreña cada vez mayor será el desafío de conciliar el fortalecimiento de su alianza con Canadá, Estados Unidos, Latinoamérica y una OEA renovada, y con Venezuela y el ALBA.
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El pasado lunes 31 de agosto, el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) llevó a cabo una sesión extraordinaria atendiendo la solicitud presentada por Colombia de convocar una reunión de cancilleres ante lo que consideró una “grave crisis humanitaria” con “deportaciones arbitrarias y maltratos” por Venezuela en la frontera de ambas naciones. A Colombia le faltó un voto para lograr la mayoría que necesitaba la aprobación de la convocatoria. El Salvador integró este bloque de 17 países, sorprendiendo a quienes lo identificaban alineado al bloque venezolano que con 6 votos en contra y 11 abstenciones logró, apenas, evitar la convocatoria. En los principales periódicos y cancillerías del mundo, se consolida la creencia que este es un conflicto más fabricado por Venezuela para evadir la atención de sus crecientes problemas internos y fortalecer la posición del gobierno en las próximas elecciones legislativas donde las encuestas favorecen por primera vez a la oposición. Tanto desde la perspectiva de nuestro principios como de nuestro interés nacional, el voto de El Salvador fue acertado.

Después de la prolongada parálisis y crisis de la OEA liderada por el chileno José Miguel Insulza y hegemonizada por Venezuela y la Alianza Bolivariana de las Américas (ALBA) y sus aliados en la última década, la recién estrenada secretaría general del uruguayo Luis Almagro, presidiendo Uruguay el Consejo Permanente con un mayor equilibrio político, ofrece una oportunidad para que dicha instancia multilateral pueda volver a ejercer su labor en el continente, promoviendo la resolución pacífica y diplomática de los conflictos entre los Estados miembros. A El Salvador le conviene ser parte del relanzamiento de una OEA renovada sin las hegemonías de antaño de Estados Unidos y de gobiernos militares o conservadores, o de la hegemonía de Chávez y del ALBA de la última década.

Desde el punto de vista político, la tendencia y escenarios más probables indican que “se debilitará progresivamente la hegemonía del ALBA y del populismo, sin ser sustituida por otra de la derecha de antaño en Latinoamérica” (Alberto Arene, “2016: inicia un nuevo ciclo político en Latinoamérica”. LPG, 2 de julio, 2015). A El Salvador no le conviene ser parte de un bloque debilitado, hegemonizado por un país cuya crisis económica y política se profundiza irreversiblemente, enfrentada permanentemente con Estados Unidos donde reside un tercio de nuestra población que envía $4,500 millones anuales de remesas, coopera con el Asocio para el Crecimiento, Fomilenio II y la Alianza para la Prosperidad para el triángulo norte. Con la crisis de seguridad y fiscal-financiera que enfrentamos, no podemos darnos el lujo de deteriorar las relaciones con nuestro aliado estratégico por excelencia. Complementariamente, Colombia se ha convertido en una de las economías cada vez más importantes para El Salvador con inversiones que ya superan los mil millones de dólares y un intercambio comercial y una cooperación en ascenso.

El primer día de tomar posesión el actual gobierno salvadoreño, firmó su incorporación a Petrocaribe con la expectativa que obtendría $600 millones anuales para enfrentar las crecientes dificultades fiscales. Pero en la última década y media con los mayores precios sostenidos de la historia del petróleo, la economía venezolana reforzó su dependencia del crudo, perdiendo generalizadamente diversificación y competitividad. Con la caída de los precios del petróleo a la mitad, la crisis fiscal-financiera se profundizó en Venezuela, mientras los compromisos futuros de suministros a China se incrementan con una deuda multibillonaria que aunada a la crisis financiera reduce los suministros y condiciones de la cooperación de Petrocaribe a sus Estados miembros. Cuando El Salvador finalmente entró a Petrocaribe, Venezuela profundizó su crisis financiera, sin poder gozar El Salvador de sus beneficios. La solidaridad de Venezuela con el FMLN y sus alcaldías, y con diversas causas sociales, no justifica nuestro alineamiento. Y lo que menos nos interesa es que el precio del petróleo suba para que Venezuela coopere más con El Salvador...

Para la diplomacia salvadoreña cada vez mayor será el desafío de conciliar el fortalecimiento de su alianza con Canadá, Estados Unidos, Latinoamérica y una OEA renovada, y con Venezuela y el ALBA, aliados estratégicos del FMLN.

Nos complació el acertado voto de El Salvador en la OEA tanto por principios como por responder a los intereses nacionales en esta compleja etapa de la historia salvadoreña y latinoamericana. Ante tan importante votación, todos asumimos que fue el presidente de la República quien decidió el voto de El Salvador en la OEA instruyendo al canciller Hugo Martínez de comunicárselo a nuestro embajador Luis Menéndez Leal. Consecuentemente, nos sorprendieron las declaraciones del secretario técnico de la Presidencia, Roberto Lorenzana, que pidió la destitución del funcionario de confirmarse que actuó por cuenta propia. Sus declaraciones coinciden con rumores en la cancillería que el embajador votó bajo su mejor criterio. Si así fuera, lo que nos costará creer, reafirmamos que El Salvador votó acertadamente en la OEA.

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