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El afán de cada día

Soy apartidista. Ya no me agrada hablar con tecnicismos, ni en prosa. Tampoco criticar instituciones, ni gobierno en particular.
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Me agrada dirigirme a la mayoría. Mi propósito es contribuir a que esta sociedad entienda su adversa circunstancia, no para conmiserarse, sino para planear individualmente su futuro, que potencialmente todos los miembros de una sociedad tienen en términos de calidad de vida y desarrollo humano.

El subdesarrollo secular en este país y en muchos otros países se refleja en los boletines de entidades que publican información pertinente a lo económico, político y social. Prefiero más específicamente referirme a El Salvador, por ser un ciudadano que con mucha tristeza ha observado con el trascurrir de los años, con pretensiones de analista, un área geográfica o mi lugar de origen y espacio esencial de crecimiento, madurez y vejez: “Mi país”, que ha perdido el camino y vegeta sin visión de futuro, a la deriva, esencialmente por un problema de raíz, origen y de fondo, según mi criterio: la escasa cultura.

Una sociedad que ahorra poco, invierte poco, que consume totalmente los ingresos generados dentro de las fronteras y los que reciben de sus parientes laborando en el extranjero, “coyol quebrado coyol comido”. Una cultura consumista por un efecto demostración, imitando a un país desarrollado, al cual se le venden la mayor parte de los productos que integran la oferta exportable, ingresos que sirven para importar productos de ese mismo país, con hábitos adquiridos gradual, históricamente y paralelos a su desarrollo y que ha avanzado, después de ser colonizado por una cultura de tradición.

Copiamos los gustos y preferencias de ese país consumista, productivo, competitivo y que innova. La lección no aprendida es que hay que educar masiva y tecnológicamente a la mayoría de la población, formar e innovar para desarrollarse; caso contrario, se condena a una sociedad al subdesarrollo, a la dependencia y a la pobreza secular. Internet, redes sociales, Black Friday (consumo y más consumo) y ¿cómo producir?, ¿cómo innovar? ¿Quién está ahorrando? ¿Quién está pensando en el futuro de este país? Ya lo he dicho otras veces, pero es válido en una táctica necesaria de repetición, porque aparentemente nadie actúa en función de los demás. Somos egoístas y subdesarrollados.

Este artículo no es una pieza literaria, no es la pretensión que sea, es una catarsis de un ciudadano decepcionado o preocupado por el porvenir de este país. No deseo aplicar lo que me dicen muchos: no te angusties si no está en tus manos la solución, vive un día cada vez, los tomadores de decisiones no actúan y los políticos tampoco. “Vive tú como el resto, el afán de cada día”. ¡Simplemente no puedo!

El problema de origen y de fondo es la escasa cultura. Existe un irrespeto absoluto al prójimo. El derecho individual termina donde empieza el del otro, es letra muerta en este inculto país. Para muestra un botón: más de 200 mil multas a los que conducen esos armatostes de hierro y tienen una pésima educación con muchas horas de trabajo y necesidad del billete, que no les importa nada, ni nadie, para lograrlo.

Me informo desayunando en un matutino, que hay menos bachilleres, más holgazanes, más maras, red de trata de menores, más homicidios, más accidentes. Lo mismo del año pasado, como decía el bolito que expulsan de la iglesia a diario, por hablar en voz alta e interrumpir la ceremonia. ¿Y entonces? como decía otro hombre práctico, en una reunión de políticos que les pagan por hablar, y agregaba, “¿en qué quedamos?”

Tags:

  • subdesarrollo
  • pobreza
  • tecnologia
  • consumismo

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