El agua es vida. Necesitamos una AGUA

Entre los numerosos problemas que afligen a la población de El Salvador, dos de ellos atentan contra el derecho humano a la vida, que son la violencia y la falta de agua. La violencia, además del sufrimiento que trae consigo, está mutilando el potencial del país al robarle su futuro a tantos jóvenes; y la falta de agua en el 67 % de los hogares amenaza seriamente la salud, la vida y el bienestar de las familias más humildes y vulnerables.
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Es un espectáculo deprimente y nada civilizado ver a centenares de personas del área rural y de la periferia de las ciudades recorriendo kilómetros con un cántaro u otro depósito sobre la cabeza sudorosa para llevar un poco de agua a sus hogares. Podemos y debemos terminar con esto por humanidad y dignidad nacional.

De acuerdo con el texto y espíritu de nuestra Carta Magna, garantizar el bienestar, la vida, la salud y la seguridad del ser humano es la razón de ser del Estado. La declaración universal de los derechos humanos es clara en este sentido. ¿Se cumplen aquí tan altos propósitos?

No estoy de acuerdo con aquellos que afirman que la crisis del agua es una creación artificial del Gobierno para justificar la emisión de fondos de emergencia y contratar nuevos empréstitos. Esta crisis no es de su creación pero sí de su responsabilidad. ¿Las tuberías y cañerías están dañadas por el tiempo y los temblores? No hay duda que sí, pero tampoco hubo ningún plan para sustituirlas paulatinamente con fondos propios del Estado o de la ANDA (el país paga más a cuenta de su deuda de lo que recibe en nuevos préstamos).

Según informó en su oportunidad la máxima autoridad de la ANDA, la autónoma presta 900,000 servicios domiciliares, entre hogares, empresas e instituciones públicas y privadas. Son 900,000 cuentas por cobrar mes a mes. Con tal número de usuarios y lo obsoleta que pueda estar la red física de distribución del precioso líquido, puede explicarse parte de los errores en las facturas por cobrar que la ANDA pasa a su clientela. Podemos hacer algunos números:

Hipotéticamente, si tengo una empresa con 900,000 clientes cautivos y se me ocurre recargarles una pequeña extra mensual (promedio) de $5, recibiré un ingreso adicional de $4.5 millones, que en un año suman más de $49 millones. Esto es hipotético, pero lo del aumento de las tarifas de la ANDA sí es una realidad y representa muchísimo más. Nos guste o no nos guste.

Las tarifas del agua en El Salvador son mayores que en el resto de Centroamérica, en contraste con el salario mínimo, que es el menor de la región. Estos datos nos dan la medida del cuadro social en el país centroamericano con menores recursos naturales, donde su única riqueza real y potencial es su gente, dispuesta a marcharse por causa de la violencia, la falta de oportunidades y el incremento incontrolado en el costo de la vida, incluido el del agua. Según encuestas, el 70 % de la población está dispuesto a emigrar.

El agua es vida. Garantizar su suministro suficiente y su pureza será posible si decidimos hacer algo de nuestra parte. Hace falta una Asociación General de Usuarios de la ANDA (AGUA), totalmente ajena a los partidos políticos (sin importar a cuál pertenezcan sus miembros), no para pelear contra nadie sino para hacer valer los derechos ciudadanos pacíficamente, pero con la fuerza de su unidad. ¿Lo hacemos?

AGUA, con el apoyo de entidades similares de países amigos, tendría el potencial de colaborar con la ANDA para la solución de sus problemas, cualquiera que sea el gobierno de turno.

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