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El agua potable no debe tener color, olor, ni sabor

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Mildred Sandoval

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La ciudadanía capitalina recibió recientemente agua con color y mal olor en sus hogares. No puede negarse que esa desafortunada situación fue producto de la contaminación de los acuíferos que diversos organismos han venido denunciando desde hace tiempo, pero que no han hecho eco a nivel gubernamental ni tampoco en la sociedad civil.

La planta potabilizadora de Las Pavas recibe el caudal proveniente de la principal zona hidrográfica del país (Río Lempa). Este acuífero nace en Guatemala y a su paso, arrastra todo tipo de residuos, a tal grado que desde hace tiempo se sabe que incluso está contaminado con Arsénico, un elemento químico que se acumula en el riñón humano y provoca enfermedad renal, por lo que es uno de los más tóxicos para la salud humana.

Además, entre los ríos tributarios del Lempa se encuentran el Río Sucio, Suquiapa y Acelhuate, los cuales también figuran entre los más contaminados del país, y en esas regiones se concentra el 35% de la población de El Salvador.

En 2018, el Ministerio de Medioambiente y Recursos Naturales publicó el informe oficial sobre la Calidad del agua de los Ríos de El Salvador, el cual establece que para esa fecha no existía en la región del Río Lempa, ningún sitio que cumpliera con los parámetros de calidad establecidos en las guías para la calidad del agua potable de la Organización Mundial de la Salud (OMS), debido entre otros, valores fuera de norma para los parámetros de Coliformes fecales (Heces), Nitrógeno amoniacal, Nitrito y Fósforo, los cuales provienen de actividades humanas como los vertidos urbanos, industriales y los residuos generados en la agricultura

Estos se convierten en nutrientes para la proliferación de algas en agua dulce que, al poseer un ciclo de vida corto, se descomponen generando mal olor y sabor desagradable en el agua, por lo tanto, considerando la contaminación existente, no es de extrañar que haya sucedido un evento de este tipo, si se le suma las altas temperaturas que se registran en la época seca en nuestro país.

El Sulfato de cobre pentahidratado es una sustancia que se recomienda para inhibir el crecimiento de algas y la cantidad a utilizar para ello depende del pH y volumen de agua, después se agregan sustancias floculantes para precipitar los sólidos.

El Sulfato de cobre es una sustancia química que reacciona con el hierro causando corrosión, por lo que al hacer circular el agua tratada con esta sustancia en tuberías de este material, inevitablemente se arrastrarán partículas que darán color marrón al agua, lo cual la vuelve no apta para consumirse, ni para preparar alimentos, porque el agua potable, no debe tener color, olor, ni sabor.

El mayor reto para resolver esta situación, no solo es el mejoramiento de la planta potabilizadora de las Pavas, sino mejorar la calidad del agua que llega a la planta. Debe ponerse toda la voluntad de corregir problemas históricos de saneamiento, vertido de residuos, uso indiscriminado de agroquímicos, asolvamiento, deforestación, aguas residuales, ordenamiento territorial entre otras.

Todos los salvadoreños debemos tomar conciencia que cuidar el agua es tarea de todos.

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