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El alcoholismo en las fuerzas de seguridad

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Ricardo Sosa / Experto en seguridad y criminología

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La semana cierra con la lamentable noticia del fallecimiento de un miembro de la Policía Nacional Civil con el cargo de inspector jefe tras veintitrés días de encontrarse en estado de ebriedad, hasta que fue encontrado en una cuneta cerca de su casa de habitación en Ayutuxtepeque; otro miembro de la PNC con el cargo de inspector ocasionó un accidente de tránsito por conducir un vehículo de la Corporación y generar un accidente de tránsito en San Juan Opico; en San Salvador un agente disparó su arma de equipo asignado, y un agente que se encontraba ingiriendo bebidas alcohólicas en su día libre fue asesinado por estructuras criminales en Apulo. Todos estos casos en menos de siete días son claros indicadores que el consumo de bebidas alcohólicas continúa siendo un problema que se cobra vidas de policías, y genera inconvenientes de imagen a la PNC por faltas disciplinarias.

En la región centroamericana El Salvador es el país con la tasa más alta de muertes relacionadas con el consumo de alcohol. Según un estudio publicado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), nuestro país presenta una tasa de 27.4 muertes al año por cada 100 mil habitantes; siendo el alcohol la droga que más muertes causas debido a que es legal, y a esto debemos sumarle el fácil acceso para los consumidores a nivel nacional en cualquier modalidad. La tasa en Guatemala es de 22.3, y en Costa Rica de 5.8 a manera de comparación.

Los problemas de abuso en ingesta de alcohol no son un problema nuevo en nuestra sociedad, es un factor cultural ancestral, y muy complejo que se asocia a diversos factores; a esto sumemos la cultura machista, debilidades en las habilidades sociales, presión de grupo en especial en adolescentes, una sociedad que incentiva el abuso y exceso, una publicidad con pocos controles y que se asocia a éxito, mujeres, deportes, carros deportivos y a felicidad.

En El Salvador nuestros policías, elementos de la Fuerza Armada que apoyan tareas de seguridad pública, custodios de centros penales y fiscales se ven expuestos día a día a muchas presiones en el combate y represión al crimen organizado y las pandillas; y a los factores expuestos se suman jornadas agotadoras, roles de servicio recargados, incremento de ataques de las pandillas a puestos policiales y uso de explosivos, infidelidades de sus parejas sentimentales o esposas por absentismo del hogar, problemas con hijos adolescentes, deudas, falta de incrementos salariales, e incertidumbre en el pago de los bonos a los policías y miembros de la FAES cuando se aproxima cada trimestre.

Una vez más es necesario ayudar a todos estos actores que ya suficiente exponen sus vidas en el desempeño de sus funciones en proporcionar seguridad a los salvadoreños, para que el alcohol destruya sus vidas, sus familias y a la sociedad. Cuidemos a nuestra primera línea de defensa y sus familias.

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