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El ángel de la guarda

Podemos estar seguros de que él nos llevará hasta el final de nuestra vida –hasta el Cielo– con sus ayudas concretas en las distintas necesidades, con sus consejos, y por eso debemos escuchar su voz, y obedecerle.

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El ángel de la guarda existe, no es una doctrina fantasiosa: es un compañero que Dios nos ha puesto en el camino de nuestra vida.

Dios ha puesto a nuestro lado a un ángel para custodiarnos, para guardarnos. De ahí que si alguno de nosotros pensara que puede caminar solo, se equivocaría, caería en la soberbia, o sea creer que se es grande, autosuficiente.

Mientras Jesús enseñaba a los apóstoles que hay que ser como los niños, los discípulos discutían acerca de quién era el más grande entre ellos. Había una disputa interna: el afán de figurar, de mandar.

No es un buen ejemplo lo que hacían los primeros apóstoles, pero es la realidad. Y Jesús les enseña la verdadera actitud que deben tener, la de los niños: la docilidad, la necesidad del consejo, la necesidad de la ayuda, porque el niño es, precisamente, el signo de la necesidad de ayuda, de docilidad para ir hacia adelante.

Todos nosotros, según la tradición de la Iglesia, tenemos un ángel que nos custodia, que nos guarda, que nos conduce por buen camino. Cuántas veces el ángel de la guarda nos ha hecho favores. Podemos estar seguros de que él nos llevará hasta el final de nuestra vida –hasta el Cielo– con sus ayudas concretas en las distintas necesidades, con sus consejos, y por eso debemos escuchar su voz, y obedecerle.

Las ganas de ser independiente es la soberbia, la que tuvo nuestro padre Adán en el Paraíso terrenal. No nos rebelemos, sigamos sus consejos. Nadie camina solo y ninguno de nosotros debe sentirse nunca solo porque este compañero está siempre con él.

Y cuando nosotros no queremos escuchar su consejo, escuchar su voz, es como decirle que se vaya. Echar al compañero del camino es peligroso, porque ningún hombre, ninguna mujer, puede aconsejarse a sí mismo. Yo puedo aconsejar a otro, pero no puedo aconsejarme a mí mismo. "Conviene que conozcas esta doctrina segura: el espíritu propio es mal consejero, mal piloto, para dirigir el alma en las borrascas y tempestades...", dice san Josemaría Escrivá en su libro Camino. Por eso necesitamos del consejo del ángel custodio.

Esta no es una doctrina sobre los ángeles un poco fantasiosa. No. ¡Es realidad! Lo que Dios ha dicho: "Yo envío un ángel ante ti para custodiarte, para acompañarte en el camino, para que no te equivoques".

Podemos preguntarnos: ¿Cómo es mi relación con el ángel de la guarda? ¿Lo escucho? ¿Le digo buenos días, por la mañana? ¿Le digo: ‘custódiame durante el sueño’? ¿Hablo con él? ¿Le pido consejo? Él está a mi lado. ¿Cómo es mi relación con este ángel que el Señor ha enviado para custodiarme y acompañarme en el camino de la vida? ¿Le pido favores?

Hay que pedirle favores grandes y pequeños pero concretos. Porque, como la Sagrada Teología nos enseña, los ángeles necesitan que les pidamos de alguna manera, porque solo Dios sabe lo que necesitamos sin que nosotros se lo pidamos. Ellos necesitan que se lo digamos: esperan nuestra petición de ayuda cada vez.

Que acudamos constantemente a nuestro ángel de la guarda en todas nuestras necesidades, favores, grandes y pequeños, materiales y espirituales. Estará contento de que lo invoquemos siempre.

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Tags:

  • ángel de la guarda
  • apóstoles
  • consejo

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