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El árbol de la vida

Era el mes de noviembre del año 2009, Telma había llegado muy temprano a esperar el diagnóstico que les brindaría uno de los cirujanos más destacados del Hospital de Niños Benjamín Bloom sobre su pequeña Gabrielita, quien a sus 11 años había sido sometida a diversos exámenes ya que su salud se deterioraba y hasta el momento ningún médico le daba respuesta a sus quebrantos.
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“A la niña hay que operarla de inmediato, tiene un tumor alojado en la cabeza”, fueron las palabras con las que el especialista definía la evolución del cáncer que ponía en riesgo la vida de Gaby, no hubo tiempo de discusiones con el médico ya que el diagnóstico era contundente, solo quedaba encomendarse a Dios y esperar lo mejor.

Un tumor amenazaba la vida de la menor, estaba ubicado en el “árbol de la vida” o tallo cerebral, que es una estructura que se encuentra en la base del cerebro y gobierna todas las funciones básicas del organismo del ser humano. La delicada cirugía buscaba extirpar el tumor sin causar daños en el cerebro.

La esperanza renació cuando Gabrielita enfrentó valientemente la compleja operación y como un milagro todo el proceso había sido un éxito, la niña que siempre había expresado su amor a Dios, ahora tenía la oportunidad de recuperarse en su nuevo hogar, el nivel 8 del Hospital Bloom.

Siempre se caracterizó por ser una persona inteligente, dedicada a sus estudios, buena hija y muy madura para su edad, desarrollaba empatía con las personas y ayudaba a quien podía, a pesar de que tuvo que enfrentarse a los desagradables efectos de la radio y quimioterapia, nunca se mantuvo ajena al sufrimiento que experimentaban sus compañeros del nivel 8, pequeños valientes sin cabello que también se enfrentaban al cáncer, una lucha parecida a la de David y Goliat.

En este mundo Gaby se convirtió en una luz de esperanza para otros niños, primero empezó a pedir a su familia galletas y jugos para regalarles a sus compañeros, lo que trataba era de aliviar la dura prueba que pasaban los infantes.

Luego se inscribió en un curso de bisutería de la Fundación Edificando Vidas, aprendió a hacer pulseras y collares, sus mejores clientes eran doctores y enfermeras que le habían tomado cariño, el dinero recaudado era parte de un fondo que utilizaba para comprarles comida a otros niños.

A veces bien, a veces mal, por días afuera y por días adentro del hospital, así pasaron los meses de Gaby, como era natural su familia por momentos se sumergía en la melancolía, pero era la misma niña la que los inspiraba a nunca perder la fe en Dios y les enseñaba a agradecer por todo, a mostrar gratitud por las bendiciones recibidas y encontrar el verdadero propósito que encierran las dificultades.

El 28 de septiembre de 2011 el alma de Gaby abandonó este mundo. Sí la lloramos, sí la extrañamos, pero recordamos su vida como una vida con propósito, su bondad y generosidad nos inspiró a un grupo de amigos a formar el ministerio “Jóvenes con propósito” que lleva alegría, comida, solidaridad y esperanza a los pacientes y familias del nivel 8 del Hospital Bloom fruto de lo que Gaby cultivó en nosotros.

El árbol de la vida tiene frutos buenos y malos, el destino de todo ser humano es nacer y morir, no te vas a llevar nada material a otro mundo, lo mejor que puedes hacer es regalar tu vida y servir a los demás que al final es la mayor satisfacción que te quedará.

Tags:

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