El arte de envejecer: conservar las esperanzas

Hace veintitrés años, la Asamblea Legislativa decretó enero como Mes de la Tercera Edad, y entre uno de los considerandos del decreto se apunta: “Las personas de la tercera edad constituyen parte de la familia, quienes han acumulado a través de los años experiencia valiosa, que vale la pena rescatar para ejemplo de las nuevas generaciones, por lo que se hace necesario proteger a los ancianos en reconocimiento a la noble labor que en sus vidas han realizado.
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En consecuencia es procedente declarar el mes de enero de cada año como Mes de la Tercera Edad, tomando en cuenta el considerando que la persona humana es el origen y el fin de la actividad del Estado, organizado para la consecución de la justicia, de la seguridad jurídica y del bien común”.

El objetivo de recordar este decreto es saber que nuestra legislación establece que hay muchos ancianos que no son atendidos debidamente y que es indispensable luchar por darles un mejor cuidado a estas personas que han dado mucho por sus familias y el país. Según la ONU, los mayores tienen derecho a vivir con dignidad, independencia, autorrealización, participación y los cuidados que necesiten.

Deben vivir con acceso a una vida íntegra, de calidad, sin discriminación de ningún tipo y respeto a la integridad psíquica y física. Además con independencia, para que nadie pueda coaccionarlos a actuar en contra de su voluntad, ni siquiera sus familiares ni amigos, para seguir siendo personas adultas, con autonomía racional e ideas propias.

Además deben gozar de seguridad y apoyo jurídico, siendo protegidos contra toda forma de discriminación, derecho a un trato digno y apropiado, y que las instituciones velen por ello y actúen cuando fuese necesario, además derecho a denunciar cualquier hecho que afecte su persona y sus derechos.

Es primordial el derecho de las personas de la tercera edad a seguir siendo tomados en cuenta, especialmente en asuntos que se refieran a las decisiones que puedan afectarlos en su vida familiar. Recordar también a las autoridades cumplir con su derecho de acceder a las necesidades básicas como una vivienda digna, alimentos, servicios médicos, sanitarios, asistenciales, etcétera.

Un sitio de internet hace comentarios a un joven sobre el trato a las personas de la tercera edad. Reflexiona en uno de sus párrafos: “Si ellos derraman comida sobre su ropa, si les cuesta atarse los zapatos, así fuiste tú y ellos te los amarraron; si les cuesta hablar y repiten lo mismo, tú también lo hiciste y a ellos les hacía gracia; si caminan despacio y sacarlos a pasear requiere de tu paciencia, recuerda que así fuiste tú y ellos te amaron; si te gritan y se incomodan sin razón, recuerda los lloriqueos que ellos soportaron de ti, todo por amor”.

A estas personas que nos han entregado todo; ¿qué tanto hacemos por ellos?, ¿qué podemos hacer para darles la vida digna y respeto que merecen? No debemos olvidar que ellos nos necesitan y tampoco olvidar que a lo mejor algún día nosotros necesitaremos lo que hoy nos negamos a darles. Pensando positivamente, George Lichtemberg, científico y escritor alemán, dijo: “Nada nos hace envejecer con más rapidez que el pensar incesantemente que nos estamos volviendo viejos” y un autor anónimo apuntó: “La vejez empieza cuando los recuerdos pesan más que las esperanzas”.

Tags:

  • tercera edad
  • derechos
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