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El arte de escuchar al otro

En la última semana, una conjunción de situaciones me hicieron pensar en la pobreza y en la violencia. En este país, cuando hablamos de ambos temas parece que siempre le echamos la culpa a otros.
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El arte de escuchar al otro

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<p>[email protected]</p><p>Esta semana, a razón del caso de Santiago Leiva y de la necesidad que tiene de ser operado, visité un par de hospitales como lo hacía años atrás cuando reporteaba a diario.</p><p>Pareciera que nada ha cambiado. No voy a hablar de si hay más o menos medicina o más o menos infraestructura. Lo que no parece cambiar es la gente. Su trato con las personas, a veces agresivas, a veces violentas. No dudo que estar en un hospital debe ser agotador y seguro que todos los trabajadores de la salud tienden a inhumanizarse un poco para sobrevivir a las tragedias. Pero justo eso es lo que tanto daño hace.</p><p>Cuando los “profesionales” tratan a sus pacientes como una cosa, como si no supieran nada, es una forma de agresión.</p><p>Esta misma semana un amigo mío, Alejandro Gutman, me comentaba cómo algunas personas tienen un respeto reverencial por quien tiene más conocimiento (en este caso el paciente al médico) y a algunas ese respeto las inhabilita o las hace sentir incapaces de repreguntar.</p><p>Si a eso le sumamos la actitud “del que sabe” que a veces no escucha, no se quiere enterar del otro, pues reforzamos su pobreza y además, de alguna forma, lo agredimos.</p><p>Esa soberbia de los profesionales, como me decía Alejandro, perpetúa el subdesarrollo y el sufrimiento.</p><p>Nada más claro que el ejemplo del médico que ve al paciente y le da una consulta que no dura ni cinco minutos, que no quiere saber por qué le duele o desde cuándo. Y el paciente desbordado por el conocimiento del médico, por su presencia y apenado por su falta de conocimiento no pregunta, se resigna.</p><p>Por eso el jueves, cuando el doctor López, del Seguro Social, se sentó con la esposa de Santiago Leiva, le explicó su caso fotos en mano y le dijo del proceso que iban a seguir, pareció que una bocanada de aire puro llegó. Y este es un solo caso, uno que tiene la “bendición” de tener una gran presencia mediática.</p><p> Qué pasa con el paciente que no tiene este respaldo, que a diario se enfrenta con negativas, malas caras, con gente que le dice que no hable, que él no sabe.</p><p> ¿Qué pasa con eso? No sé si usted lo vea tan claro como yo lo veo ahora, pero nosotros perpetuamos la pobreza y contribuimos agresivamente a que la gente asuma que está bien estar allí.</p><p>Hace un tiempo escribí una columna de cómo todos podemos empezar a sanar la sociedad desde nuestro entorno, con no pitar, con no ser agresivos al manejar, con no minimizar a la gente o su trabajo, con pagar lo justo...</p><p>Yo le agradezco al doctor López su tiempo, sus formas y el no minimizar todas las dudas de la familia de Santiago.</p><p>Yo no sé si él hace eso con todos sus pacientes, pero sepa señor médico, señor fiscal, señor defensor, señor maestro, señor asesor y todos ustedes profesionales que tienen una mejor vida que cuando escuchan al otro lo están respetando como humano y probablemente están reivindicándose para una mejor sociedad. Allí le dejo el reto.</p><p>&nbsp;</p>

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