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El arte de lo posible: acercamiento Rusia-Turquía

Las deterioradas relaciones entre Turquía y Rusia a raíz del derribo de un avión tipo SU-24 ruso por la aviación turca en la frontera con Siria en noviembre del año pasado, y que fue calificado por Putin como “una puñalada en la espalda”, han experimentado un súbito mejoramiento tras la visita oficial del presidente de Turquía, Recep Tayip Erdogan, a su homólogo ruso, Vladimir Vladimirovich Putin, en San Petersburgo, este pasado 8 de agosto.
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El encuentro, cargado de simbolismo como el tratamiento de “Querido amigo” de Erdogan al presidente Putin, se da luego del ahogamiento del golpe de Estado en Turquía el pasado viernes 15 de julio, del que salió fortalecido el presidente turco y dio paso a una fuerte represión de la oposición turca, que ha sido catalogada por la Unión Europea (UE) y Estados Unidos de América (EUA) como excesiva y violadora de los derechos humanos, toda vez que Erdogan ha realizado arrestos masivos de opositores, despidiendo de sus fuentes de trabajo a decenas de miles de ellos, mayoritariamente profesores y militares, y planea instalar la pena de muerte.

En lo económico, la ganadora es Turquía, pues da de nuevo entrada a hortalizas, frutas y verduras turcas al mercado ruso, así como el levantamiento del boicot turístico que permitirá de nuevo visitar Turquía a los cerca de 4 millones de turistas rusos que llegan cada año.

Se habilitará el gasoducto conocido como “la corriente turca”, que, partiendo de territorio ruso, a través del fondo del mar Negro, llegará hasta Grecia a través de Turquía para proveer de gas natural a la Unión Europea sin pasar por Ucrania ni Bulgaria. Asimismo se planea construir una central nuclear turca con tecnología rusa valorada en más de 20 mil millones de dólares.

En lo político se trata de resolver el maldito rompecabezas del conflicto sirio, en el cual Rusia apoya al presidente sirio, Bashar al Assad, y Turquía apoya a los rebeldes aliados de EUA y de la OTAN enfrentados a este, donde quedan excluidos los separatistas kurdos que luchan en Turquía por su autonomía. Este encuentro podría marcar el fin del Estado Islámico, conocido como ISIS, y el fortalecimiento de Assad.

El aislamiento en el cual se encuentra el presidente Erdogan por parte de la UE lo ha echado en brazos del oso ruso, sobre todo después del evidente descontento de Turquía con EUA, que se niega a extraditar al clérigo Fethullah Gulen, a quien acusan de ser el autor intelectual del intento del golpe de Estado, orquestado desde su residencia en EUA, y ejecutado a través de sus mezquitas rebeldes en toda Turquía.

Bajo la lógica del enemigo de mi enemigo es mi amigo, Putin y Erdogan, dos presidentes autoritarios y que gozan de respeto y popularidad en sus respectivos países, parecen haber encontrado una química diabólica de amargas consecuencias para la UE y EUA, pues se trata un importante viraje geopolítico, que forma una media luna, desde la Anatolia turca hasta el mar Báltico ruso, y que se cerniría amenazante sobre Europa Occidental, con catastróficas consecuencias político-militares, pues hasta la fecha Turquía ha sido la punta de lanza de la OTAN contra la antigua Unión Soviética en tiempos de la Guerra Fría y contra Rusia, en la actualidad.

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