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El azúcar y las Chinas

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Luis Bettaglio

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La zafra azucarera terminó y está a punto de anunciarse que fue exitosa. Se produjeron 17.1 millones de quintales de azúcar a pesar de una fuerte sequía a principios del invierno. Qué bueno, dirá la gente, porque no faltará en la mesa; gracias a la política agraria, dirán los políticos. Solo los productores de caña lo lamentarán. ¿Qué?

El Salvador ha incrementado descontroladamente su producción azucarera, al punto donde la rentabilidad del productor es casi nula. El costo de producir un quintal de azúcar en el país es de $19. Los salvadoreños consumimos 6 millones de quintales, los norteamericanos nos compran 1.4 millones de quintales ambos a un precio remunerativo. El resto, incluidas las compras de ambas Chinas, se exportan a precios del mercado mundial, que en este momento rondan los $12 por quintal (contrato #11 NY). Vendemos 9.1 millones de quintales, el 56 % de nuestra producción, a precios muy inferiores a nuestro costo.

En el mundo son más de 180 países los que producen azúcar. La gran mayoría de ellos abastecen su consumo interno y algunas cuotas preferenciales. Muy pocos producen para exportar al mercado mundial. El Salvador no es competitivo a estos niveles de precios, pero no nos sintamos mal, casi ningún país lo es. Por eso existe aquí la Ley de la Agroindustria Azucarera, que en su artículo 11, literal 20, obliga al Consejo Salvadoreño de la Agroindustria Azucarera (CONSAA) a "Autorizar la ampliación de los ingenios, y a velar porque el parque cañero del país responda a criterios económicos, técnicos y sociales". Aquí radica el problema: el ente rector, que es el CONSAA, no ha cumplido la ley. Ha permitido el crecimiento del área sembrada de caña y la ampliación de los ingenios sin las aprobaciones necesarias respaldadas por estudios. Se ha llegado al punto donde el cultivo se considera una amenaza para el medio ambiente. Plantaciones donde antes existían manglares, a la orilla de poblaciones, destruyendo bosques, etcétera. Pero si el productor se ve impactado en el precio por esta sobreproducción, ¿quién se está beneficiando?

No hace sentido producir azúcar en exceso del consumo interno y de las cuotas preferenciales si cada quintal adicional produce pérdidas. ¿Por qué utilizar las mejores tierras del país para ello mientras importamos millones de dólares en frutas y verduras que bien se podrían producir aquí? ¿Por qué exportar a las Chinas a $12 lo que nos cuesta $19?

Existe un subproducto de la caña, el bagazo, el cual es utilizado como combustible para quemar en calderas para generar vapor que mueve generadores para producir electricidad. Esta es consumida por los ingenios y sus excedentes son vendidos a la red. En los últimos años la factura a la red nacional sobrepasa los $50 millones. Este beneficio no está incluido en el precio al productor de caña. Es importante incluirlo pues en este momento los ingenios buscan incrementar las siembras, convirtiéndose ellos mismos en productores, para obtener más bagazo gratis, mientras los productores buscan que las áreas se reduzcan para devolverle la rentabilidad al cultivo. Existe un conflicto de interés.

El llamado es para los nuevos funcionarios que asuman las jefaturas del MAG y MINEC para que aborden estos temas en el CONSAA. Ellos deberán mediar para que los intereses de ambos sectores se concilien y no prevalezcan los de unos sobre los otros. Si eso no es así, sabemos que los intereses del más poderoso, política y económicamente hablando, se impondrán siempre.

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