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El becerro de oro

El domingo 11 de septiembre, la primera lectura del Evangelio, del Libro del Éxodo (32. 7-11. 13-14), fue: “En aquellos días, dijo el Señor a Moisés: «Anda baja del monte, porque tu pueblo, el que sacaste de Egipto, se ha pervertido.
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No tardaron en desviarse del camino que yo les había señalado. Se han hecho un becerro de metal, se han postrado ante él y le han ofrecido sacrificio y le han dicho: ‘Este es tu dios Israel, es el que te sacó de Egipto’»”.

Inmediatamente pensé en los otros que bajaron de la montaña, algunos amigos míos, otros conocidos, algunos que siempre he respetado y respeto, como los hermanos Samayoa, Facundo, Galeas, Schafik, Pepe Rodríguez, Dagoberto Gutiérrez, Héctor Dada, Roberto Cañas y muchos otros que pensarán que fueron simples marionetas que otros movieron para lograr sus intereses egoístas, traicionando al inocente pueblo salvadoreño.

El becerro de oro está siendo adorado por aquellos cuyo interés era llegar al poder para gozar de sus prebendas, no beneficiar al pueblo que sufría las balas de un movimiento que supuestamente tenía bases ideológicas de naturaleza altruista.

Ahora que el gran torero Mauricio Funes ha sido galardonado con las orejas, el rabo y la mejores partes del becerro de oro, por sus magníficas verónicas, con el aplauso del público asistente, con entradas regaladas, algún fisgón ha decidido señalar la falta de claridad de las grandes movidas con el becerro, concediendo la tregua, contratos de publicidad, seguridad, de otros servicios sin aplicar la LACAP, regalos para ciertos amigo(a)s, concesiones ilegales exclusivas, de uso de las calles públicas para el SITRAMSS, para el control intrusivo aduanal de las importaciones que debe cumplir el Estado como obligación, etcétera, diseño de ruta directa en la Masferrer (rrari), supuestamente cuando andaba en Panamá, difusión de informaciones reservadas (de otros), etcétera, y como si fuera poco con la enfermedad de los todopoderosos “les guste o no les guste”.

En vista de que se le procesa en un juicio civil por enriquecimiento sin justa causa, para demostrar que su enriquecimiento lo obtuvo con fondos públicos, resulta que pide y obtiene Asilo Político Express del Gobierno de Nicaragua y dirigentes que bajaron de la montaña le dan todo su apoyo, no obstante que no se trata de un juicio penal, para el cual es indispensable que un delito común como la malversación de fondos pueda ser considerado delito por tratarse de fondos públicos y entonces considerar si se trata de un delito común relacionado con fines políticos (por ejemplo si fuera para financiar una campaña política), pues de otra manera si el enriquecimiento es ilícito por otras causas, como estafa, cohecho, prevaricato, el delito sería común y no político y como consecuencia jamás sujeto a considerarse para gozar el delincuente del derecho de Asilo en ningún país que cumpla con las convenciones internacionales de manera razonable, pues solo lo conceden los que se gobiernan al margen de todas las leyes.

Lo peor es que no se puede pedir la extradición de ninguna persona por haber sido demandado en juicio civil y cabría considerar si el asilo y no extradición concedidos al expresidente Funes tendría algún valor (por concederse en un caso civil) en el caso de que se iniciara el proceso penal y existiera una orden de detención en su contra, y El Salvador solicitara su extradición, pues no sería aplicable el asilo concedido con anterioridad por esa causa civil, porque no se trata de un asilo para cualquier caso, porque el asilo es específico y no podría alegarse para otra causa diferente, así por ejemplo, si fuera por estafa o prevaricato y no por enriquecimiento ilícito.

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