El blindaje de los partidos políticos

El sistema de partidos políticos funciona como un organismo vivo. Cuando hay un peligro, reacciona y se defiende. Y no importa cuáles sean las expresiones del sistema. No importa cuáles sean las siglas. Poco importa la orientación ideológica. La reacción es la misma.
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Por eso no es de extrañar que la recién aprobada Ley de Partidos Políticos haya sido aprobada con 82 votos de 84 diputados. Esos dos que hicieron falta no era porque estaban en contra de que la nueva legislación no regulara las elecciones primarias como método para nombrar dirigentes y escoger candidatos a cargos de votación popular. O porque rechazaran que sea el Tribunal Supremo Electoral (TSE, formado por delegados de los mismos partidos políticos) el ente que “vigilará” que los políticos cumplan la ley.

No. No votaron sencillamente porque se habían levantado de sus curules. A lo mejor a hablar por teléfono o a estirar las piernas. Pero no porque querían mostrar su descontento.

Hace años, el PDC era un ejemplo nacional. Tenía elecciones primarias para escoger a sus dirigentes y candidatos. Pero lo echó al olvido. Es más fácil que una cúpula designe todo.

Igual pasó con el FMLN. En esas primarias, durante los recuentos de votos, metían muchas variables: de género (se reservaba una cuota de acuerdo con el porcentaje de mujeres inscritas en el padrón), edad (una cuota para menores de 40 años) y tendencia (debía haber proporcionalidad entre las diferentes corrientes internas). La idea es que el resultado mostrara la pluralidad interna.

Sí, era muy complejo, cansado, a veces injusto (conocí el caso de un hombre que pasó del puesto cinco al ocho porque tuvieron que meter antes que él a una mujer, a un joven y luego a otro de una corriente diferente), pero era una apuesta para poder escuchar a las bases.

En ARENA, recién acaban de aprobar el voto secreto para escoger cargos internos o candidatos. Pero es discrecional. No hay nada obligatorio. Antes de esto, los estatutos expresamente prohibían el voto secreto y exigían que todo fuera por mano alzada o aclamación.

Ahora, en los dos partidos más grandes, la cúpula es la que tiene la última palabra en las decisiones trascendentales.

Un amigo me decía que se habían convertido ARENA en el gemelo del FMLN. Y el FMLN de ARENA. Que solo eran matices en lo que se diferenciaban, pero que, dejando discurso ideológico por lado, funcionan y se comportan igual.

Incluso en la elección de sus candidatos a la presidencia se parecen: ambos escogieron a veteranos de sus filas, Norman Quijano y Salvador Sánchez Cerén, hombres de probada militancia.

El matiz está en el complemento de la fórmula. Mientras el FMLN apostó a la cohesión interna al elegir a Óscar Ortiz, ARENA se decantó por alguien de fuera, René Portillo Cuadra, a pesar de que había expresiones internas que aspiraban al puesto y exista la posibilidad que estas diferencias afloren y se desarrollen durante la campaña electoral.

Varias ONG han pedido al presidente Mauricio Funes que observe algunas partes de la Ley de Partidos Políticos, en tanto que el FMLN se ha movilizado pidiendo lo contrario, la sanción y publicación.

Veremos qué pasa. No hay que abrigar muchas esperanzas, pero tampoco perderlas todas.

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