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El buen profesor, ahora

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Mtr Romeo Ramos Amaya - Psicólogo y educador

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Dulces himnos cantemos de gloria al maestro abnegado en loor,... muchas generaciones pasamos nuestros años de educación básica cantando, admirando esa maravillosa composición del salvadoreño Ciriaco de Jesús Alas, la cual refleja desde una perspectiva poética, artística una imagen ideal del profesor, sin duda el Himno al Maestro siempre tendrá su espacio en el respeto de todos y todas; empero en el momento histórico actual a partir de factores como: los perfiles actuales de niños y jóvenes, el cambio como actor permanente en las diferentes esferas del conocimiento, la discusión sobre el rol ideológico de la educación y la concepción antropológica que le subyace a todo proyecto educativo, y desde luego el tipo de sociedad que encubre o pone de manifiesto de forma explícita que propende, la discusión sobre si es fundamental o no una vocación para ser profesor, aspectos relacionados con la personalidad del profesor así como la orientación pedagógica y por ende la operativización didáctica de esta.

En este nuevo escenario y ante diversas formas de ejercer la docencia surge una interrogante: ¿Cómo es el buen profesor ahora? El de mayor cercanía emocional con los estudiantes, es decir, el que mejor entiende sus necesidades afectivas según cada grupo etario, el que los aprueba a todos, el que mejor domina la asignatura que imparte, el que presenta para la discusión un verdadero aprendizaje significativo, el que mejor domina la tecnología, el que exige con rigor los estándares de rendimiento establecidos, el que es incólume con el cumplimiento de la disciplina, el que mejor alcanza las competencias inicialmente planteadas. Sin lugar a vacilaciones todos los rasgos mencionados son los elementos constitutivos que conforman el perfil del buen profesor hoy, todos aplicados en su medida necesaria y oportuna, pero además el buen profesor debe ante todo estimular la autoestima para que cada persona crea en sí misma, llevar a los participantes de los grupos que le han sido confiados a que introyecten la autodisciplina, estimular la motivación intrínseca para que cada ser humano sea responsable de su propia formación, “enseñar no es transferir el conocimiento, sino crear las posibilidades para su propia producción o construcción” (Paulo Freire), no permitir que su salón de clases sea un apéndice de la tendencia actual a relativizar todo –de manera específica por parte de los jóvenes–, superar los vicios relacionados con el mal uso y la dependencia mal sana de la tecnología, “estudiantes que confunden aprender con recopilar, cortar y pegar fragmentos de información hallados en internet” (Antoni Brey), formar en ellos la conciencia histórica, aprender desde un marco ético a desentrañar y denunciar la injusticia, en otros términos, aportar de forma objetiva a la construcción del Reino de Dios anunciado por Jesús de Nazaret; buen reto hay que enfrentarlo con madurez, dedicación y sin angustias, hay que dar lo mejor de sí y hacer lo que se pueda.

Felicidades, un gesto de respeto a los profesores y profesoras que en todos los niveles y condiciones, desde preescolar hasta posgrados (maestrías y doctorados) ejercen la docencia por vocación, ya que el docente no se hace solo con capacitaciones, por convicción, superando adversidades sociales, económicas, salariales, ambientales, institucionales, personales y otras, encuentran un espacio de auto realización en este apostolado, los que tienen como reconocimiento, como estímulo la certeza de aportar al crecimiento escolar, académico y de forma preeminente al crecimiento humano de sus condiscípulos, ya que en el proceso de aprendizaje todos aprendemos, gracias al buen profesor de ahora.

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