El buen vivir

El buen vivir está asociado con la cotidianidad de las personas, mediante un comportamiento sustentado en principios, buenos hábitos, actitud positiva, buenos modales y, sobre todo, el firme deseo de crecer, ser mejor y trascender.
Enlace copiado
El buen vivir

El buen vivir

El buen vivir

El buen vivir

Enlace copiado
Se eliminan las conductas que promueven el ego, idolatría, falsas apariencias, vicios, y otros antivalores.

Es un balance entre hacer las cosas de acuerdo con una normativa socialmente aceptada, una especie de código de buenas prácticas sociales, y el orden natural de las cosas, que es necesario para lograr una convivencia armónica entre unos y otros, en un mismo país.

La práctica del buen vivir no está asociada al nivel de riqueza material de una persona, ni es un tema de estatus social, sino que se aprende y practica desde la existencia de cada persona; se predica con el ejemplo, para lograr que otros sigan las conductas que posibilitan la sana convivencia.

Por ello, es importante que la sociedad cree las instituciones e inserte los programas que sean el modelo de actuación del buen vivir; que promulgue leyes que sean la base de la armonía social.

La fundamentación de todo es el respeto y la confianza; el primero, inspirado en la generación de conductas orientadas a cuidar de las personas, los valores, bienes e ideas, y la confianza, la cual se manifiesta cuando las personas demuestran, mediante su comportamiento social, su trabajo y dedicación al oficio, en su cotidianidad, que actúan apegado a normas sociales aceptadas. Ese binomio, respeto y confianza, es lo que permite que el buen vivir sea un legado de generación en generación. Ha sido práctica de nuestro país, de acuerdo con el contexto de cada época, desde la colonia hasta su deterioro en los años ochenta. Los abuelos y padres transmitían a sus hijos y nietos, por medio del ejemplo, las conductas que preservaban la convivencia en la sociedad. En la guerra civil se sufrió un proceso de erosión que socavó los códigos de buena conducta, los buenos hábitos, valores y principios que aseguran el buen vivir, sustituyéndolo por la permisibilidad de destruir el núcleo familiar, de aplaudir al que riñe con la ley y aceptar el resquebrajamiento del orden social. Los altos índices de violencia en general, corrupción, deterioro social, impunidad, entre los más sobresalientes, conforman los componentes detractores del buen vivir; son los causantes de que vivamos en zozobra y en un péndulo que marca el vaivén entre el diario afán de cada quien.

El país necesita de la práctica del buen vivir, que le conduzca al buen entendimiento, a ser solidarios, a apoyar a quienes lo necesitan, a propiciar las normas que construyan una mejor sociedad. No debemos regocijarnos del mal ajeno, de aquellos que obtienen dinero, prebendas u otros bienes a costa de los fondos públicos, de aquellos que insultan, desprestigian u ofenden a otros para lograr escalar posiciones políticas, ni tampoco de quienes a la luz de su poder proponen y defienden posiciones que no benefician a una mayoría sino al círculo de personas a las cuales pertenecen.

Es momento de retornar, con todo el respaldo, al buen vivir, a premiar los principios, valores, conductas y en última instancia, el comportamiento social garante de que seamos, de nuevo, una sociedad que goce de reputación digna, con miras a crecer, a desarrollarse plenamente, en equidad y con justicia social.

El buen vivir permite que el individuo sea alguien que se sume a la consolidación de un equilibrio social, en donde aproveche las oportunidades y asuma la responsabilidad de construir un mejor país.

Tags:

  • buen vivir
  • cotidianidad
  • ciudadanos
  • solidaridad

Lee también

Comentarios

Newsletter