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El café no debe tener color político

Recientemente, en la ciudad de Seattle, Washington, se celebró una de las principales ferias internacionales del café. Ahí se reúnen los principales compradores y vendedores de café del mundo y en ella se podía ver los pabellones de nuestros países hermanos que decían con gran arte, diseño y sendas decoraciones: “Café de Honduras”, “Café de Guatemala”, “Café de Costa Rica”, etcétera. Solo el de nuestro querido país decía, en pequeñas letras y escritas en simple y normal tipografía: “Consejo Salvadoreño del Café”.
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Pareciera que la descripción de lo sucedido en esa feria no tiene mayor relevancia con la realidad económica, social y política de nuestro querido El Salvador, pero pone en evidencia el porqué nuestra industria del café ha bajado de una producción máxima anual de 4.5 millones de quintales a 700 mil.

Para la economía nacional, esta baja representa que más de 35 millones de dólares han dejado de percibirse por las más de 130 mil familias de trabajadores que dependen de la industria y pareciera que el gobierno ni siquiera se ha dado cuenta de la importancia que esto representa, puesto que asistiendo a tan importante evento, no se percata de la necesidad de asistir como país, como lo están haciendo los demás, y asiste de forma parcializada. Representándonos solo con un ente oficial del gobierno, el cual muchos asistentes ni conocían y además, en nombre de un país que ya de por sí es insignificante en el mundo del café, pues el monto que producimos nos ha reducido a esta categoría.

En Centroamérica, la producción de café de los distintos países se encuentra actualmente en: Honduras 7 millones de quintales, Guatemala 3.5, Nicaragua 2, Costa Rica 1.5, Panamá 0.95 y por último El Salvador, con 0.7. Luego, conviene preguntarnos: ¿Qué es lo que ha sucedido para que los otros países hermanos hayan subido su producción y la nuestra haya bajado?

Para contestar a esta pregunta, conviene comentar la importante visita a nuestro país del gerente general del Instituto Hondureño del Café (IHCAFE). Dentro de los países centroamericanos, se pudiera decir que el país de mayor éxito en la promoción de su industria del café ha sido Honduras. Su producción en los últimos diez años ha subido de 2.5 a 7 millones de quintales y es ya el séptimo productor más grande de café a nivel mundial.

Desde su inicio, el representante del IHCAFE mencionó que, en Honduras, el éxito del incremento en el cultivo del café es su organización institucional y el hecho de que en Honduras el café no tiene “color político” y su institucionalidad es respetada por cualquier partido político que llegue al gobierno. Luego, la calidad de la asistencia técnica y financiera y orientación que se da a los distintos agentes de la cadena de producción y comercialización se ha mantenido durante todos estos años; siendo el IHCAFE el agente principal de dicha estructura y el cual no es una institución gubernamental, sino privada, manejada por representantes del sector público y gremiales empresariales y financiada por los mismos productores de café, quienes contribuyen por ley, con una cuota por quintal producido equivalente a $3.25 por quintal.

Para los hondureños, el café representa el 8 % de la producción del país, les genera divisas por un total de 120 millones de dólares y da trabajo a más de un millón de personas; generando ingresos para un número mayor de familias, por el efecto multiplicador del empleo en otras actividades.

Si queremos levantar la caficultura en El Salvador, lo primero que tiene que ocurrir es que el FMLN debe comprender que, al igual que en Honduras y el resto de países centroamericanos, el café no debe tener “color político”. Luego vendrá lo demás.
 

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