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El cambio

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Rafael Ernesto Góchez

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La palabra "cambio" ha significado esperanza y luto en la población cuscatleca en los últimos cien años. La historia nacional está llena de sucesos políticos por alcanzar el poder. Las diferencias de las luchas por el poder en el siglo XXI están dadas por el avance tecnológico en las comunicaciones, el dinamismo del odio y las sobredemandas sociales (frente a gobiernos deficitarios y sin capacidad de respuesta).

Las dos constantes en la historia salvadoreña han sido (1) gobernados depositando el destino del país en manos de un pequeño grupo de gobernantes y (2) gobernados asumiendo que su desarrollo depende de "papá gobierno". Los efectos del centralismo han sido categóricos (corrupción, pérdida del control territorial, concentración económica en el AMSS y emigración masiva) y han desilusionado a muchas personas, particularmente a quienes creyeron que los cambios serían por arte de magia e instantáneos.

Todo cambia. Veamos dos casos opuestos. En el siglo XX, los promotores de la lucha de clases seducían al pueblo para lograr el poder absoluto por la vía armada. En contraste, ahora, el escritor Deepak Chopra plantea que la transformación social solo es posible si cada persona tiene conciencia de quién es y qué quiere. No hay transformación social sin transformación personal. El Dr. Chopra afirma que los activistas enojados no han solucionado los problemas. La clave está en uno mismo. "Uno tiene que ser el cambio que uno quiere". Si quieres paz, tienes que ser una persona pacífica.

Mahatma Gandhi también planteó: "Si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo". Conviene, entonces, prestarle atención a las cuatro "R" (respeto, responsabilidad, resiliencia y reunificación) para cohesionar a la sociedad salvadoreña.

1) Respeto. Es un valor fundamental. La regla de oro de la humanidad dice "no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti". No se puede lograr la armonía social sin respetar a la familia, la escuela y el medio ambiente.

2) Responsabilidad. Es un valor que se relaciona con el cumplimiento de las obligaciones o con la cordura al tomar decisiones y ponerlas en marcha. No puedes ser una persona responsable ignorando la ley y sin valorar las consecuencias de tus actos.

3) Resiliencia. Es la capacidad para superar situaciones desfavorables y de adaptarse a adversidades. Una persona resiliente tiene una actitud positiva, un proyecto de vida, una amplia red social y una vida saludable. Una persona resiliente está informada, capacitada e integrada.

4) Reunificación. Es el proceso relacionado con el derecho a la reagrupación familiar y el entendimiento básico entre personas o sectores que han tenido un conflicto. La sana convivencia requiere de certidumbre, confianza, aplicación de la ley, diálogo colaborativo y objetivos comunes.

Conclusión: el cambio inicia y depende de lo que cada persona quiere. Uno de los deberes políticos del ciudadano es cumplir y velar por que se cumpla la Constitución. Por ello, las cuatro R (respeto, responsabilidad, resiliencia y reunificación) son clave para vivir en paz y progresar en El Salvador.

Reflexión: numerosos compatriotas ignoran o son indiferentes al centralismo y sus secuelas. Es más, a nueve meses de la creación del Ministerio de Desarrollo Local, se desconoce la política pública que guía el trabajo del MIDEL y la estrategia que implementa para contribuir a recuperar el control territorial y frenar la emigración masiva. Este vacío reafirma que el cambio del modelo centralista sigue pendiente.

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  • cambio
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  • respeto
  • responsabilidad
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