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El cambio inevitable

Los recientes hechos ocurridos en Boston ocasionaron una gran conmoción en la mayoría de las sociedades occidentales; y los acontecimientos posteriores, tanto el descubrimiento como la captura de los sospechosos, ocurrieron en un ambiente de expectativa de miles de ciudadanos que consultaban constantemente su Twitter para estar enterados y aportaban a esta investigación a través de fotos, mensajes, etcétera. Los ciudadanos pasaron de ser espectadores a involucrarse como actores, y la influencia de los mensajes de la web en los periódicos y programas de televisión se observó de una manera tan natural y sistemática que parece evidente el cambio en las comunicaciones: los ciudadanos dirigen (o quieren dirigir) el contenido de los medios.
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Talvez pudiera pensarse que El Salvador es muy pequeño o distante como para vincularse a esta dinámica; no obstante, hemos observado en nuestro país situaciones similares, dado que el millón de usuarios salvadoreños recurrentemente expone diversos temas en las redes sociales: el tráfico en la ciudad, actuaciones de los políticos, desempeño de la selección de fútbol, búsqueda de personas extraviadas, etcétera. Estos usuarios reciben la información de los medios de comunicación, pero también opinan, debaten y comparten nueva información para ir construyendo una comunidad que propone soluciones a la realidad y, también, genera nuevos problemas en el mundo virtual. El cambio fundamental no radica en los avances tecnológicos, sino en el espíritu de cambio que desde hace años recorre las sociedades y que se fundamenta en la idea básica que cada ciudadano tiene el derecho de expresarse e incidir en su comunidad; no obstante, la nueva tecnología aumenta las oportunidades de los ciudadanos para ejercer este derecho, es decir, la comunicación al servicio de la democracia. Ejemplos de esta nueva visión son el surgimiento de nuevos grupos sociales, la búsqueda de mayor acceso a la información y transparencia en la gestión pública, etcétera.

La sociedad sigue transformándose y las nuevas formas de comunicación son solo una de sus principales expresiones, dado que estos cambios se observan en tecnología, comercio, e incluso en política. Por ejemplo, se observan movimientos políticos que se comunican por internet; sin embargo, aquellos que surgen de internet o tienen su razón de ser en las redes, como los partidos piratas, son representantes de una nueva dinámica social, que no responde a derechas o izquierdas, cuyo contenido deberá adaptarse a esta realidad.

Al vincular este nuevo fenómeno con el descrédito de las instituciones políticas y los altos niveles de insatisfacción ciudadana nos dejan al borde de un inevitable cambio político que cambiará la dinámica de la sociedad, y que nos puede dirigir a uno de dos escenarios posibles: el primero, es el surgimiento de un caudillo o líder (militar, religioso, empresario, artista, etcétera) que surge como el libertador de los ciudadanos y redentor de los sueños olvidados de una mejor vida, y que El Salvador ha experimentado en algunos momentos de su historia; y el segundo, al despertar de los ciudadanos como individuos activos y responsables de su sociedad, participando constantemente en asuntos públicos y fortaleciendo las instituciones públicas. Este es el dilema que nuestra sociedad afronta, incluidos los partidos políticos y se responderá a través de nuestras acciones: ¿preferimos que alguien nos arregle los problemas o nos involucramos en la solución?

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