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El cambio político, ¿llegará demasiado tarde?

La interacción entre los factores externos y los liderazgos democráticos renovadores catalizará el cambio político que tomará varios años, mientras la agudización de la crisis histórica la tenemos enfrente.
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En nuestra anterior columna (“Salvadoreños, ¿atrapados sin salida?”), afirmamos que “hasta ahora hemos dejado por la libre a los políticos” y “que ha llegado el momento de ocuparnos de ellos, transformando la política que es demasiado importante para dejársela solo a los políticos”, concluyendo con una pregunta: “¿Cómo?”

Lo primero es identificar liderazgos interesados y comprometidos en la renovación: en el impulso de la democracia y la institucionalidad, en la transparencia y la probidad, en la apertura a nuevos liderazgos y sectores sociales, y en la visión y estrategia para transformar el país. No podemos esperar que quienes se benefician del statu quo, de la corrupción y del inmovilismo impulsarán las reformas. Con raras excepciones, no identificamos liderazgos renovadores en los actuales partidos políticos.

FMLN. La corriente revolucionaria-socialista del FMLN terminó de derrotar y expulsar a los renovadores hace 12 años, fortaleciendo la unidad del partido bajo su particular ideología y visión. Vinculados históricamente al partido comunista cubano y al chavismo en Venezuela, el relevo generacional que tomará de 10 a 15 años no pareciera tener el talante democrático ni la independencia para hacerlo. Su ascenso partidario está directamente vinculado a su lealtad con los líderes históricos de ideología comunista. Ante la ausencia de liderazgos superiores, el vacío dejado por Schafik Hándal es ahora más fuerte, dentro y fuera del partido.

ARENA. La corriente conservadora-religiosa controla ahora el COENA. Si bien desde el COENA anterior ha habido avances en la democracia e institucionalidad interna, se acabó la tolerancia hacia la corriente liberal-social liderada por Johnny Wright Sol y Juan Valiente quienes saldrán de diputados y del partido, ojalá para impulsar un nuevo proyecto de centro democrático-progresista. Precisamente por la falta de tolerancia y renovación, los financistas del partido se han “enfriado” alejándose temporalmente. Por ello y por la confrontación en las próximas dos elecciones con el FMLN y su imperativo de retomar el poder en 2019, el presidente del COENA tiene mayor autonomía pero con liderazgo, entusiasmos y recursos disminuidos.

GANA. En la tercera fuerza política nacional el cambio es medido por un mayor control de su líder y presidente de la Asamblea Legislativa en la negociación con el gobierno, ahora compartida con el financista que ya no dispone del monopolio de esa relación y de los liderazgos internos. Otro cambio serían eventuales alianzas electorales locales con ARENA (San Salvador y San Miguel) y –eventualmente– en las elecciones presidenciales, que confrontan considerable recelo y oposición en ARENA.

PCN. Cinco años después de salir del prolongado liderazgo histórico de Cruz Zepeda, el partido ha fortalecido su organización y proceso democrático-institucional en la elección de sus candidatos, aunque todavía persistan viejos y autoritarios caciques departamentales. Se propone en las próximas elecciones disputarle a GANA su posición de tercera fuerza política y ser un factor en la elección del fiscal general y de los magistrados de la CSJ.

PDC. Partido bajo el control de un líder con ideas, iniciativa y capacidad de articular acuerdos entre fuerzas políticas, potenciada por su estrecha relación con el secretario general del PCN. Al disponer de un solo diputado su incidencia se ve restringida, incluyendo lograr mayores respaldos de sus importantes contrapartes internacionales.

Si bien el PDC y PCN han abierto espacios para candidaturas ciudadanas, la renovación y transformación partidaria no pareciera –todavía– formar parte prioritaria de su agenda, sin tener propuesta y narrativa sobre las transformaciones que el país necesita para enfrentar el futuro. La polarización entre las dos principales fuerzas los afecta considerablemente.

Si el cambio no vendrá original y principalmente de los partidos políticos y del sistema político sobre los que todavía ejercen un considerable control, tendrá que llegar de los factores externos que jugarían un rol catalítico creciente, resaltando entre ellos: 1. la profundización de la crisis histórica que confrontamos y sus efectos en liderazgos internos y factores externos; 2. los grandes empresarios financistas de ARENA y –marginalmente– del PDC y PCN, particularmente la nueva generación que está asumiendo la conducción de sus empresas con preocupación creciente por la disfuncionalidad e incapacidad del sistema político; 3. los medios de comunicación social; 4. los liderazgos democráticos sustantivos de la sociedad civil; 5. los factores internacionales: política EUA, involucramiento de contrapartes y fuerzas políticas externas: partidos políticos, internacionales que aglutinan partidos políticos de ideologías diversas, institutos políticos de Estados Unidos, Alemania y España. El desmoronamiento del Chavismo y del ALBA, y la inevitable integración de Cuba al sistema capitalista mundial y a la democracia en la era post-Castro tendrá efectos progresivos en el FMLN y sus aliados en Latinoamérica.

Debe estimularse y potenciarse la incidencia de dichos factores externos sobre la reforma y modernización de los partidos políticos y del sistema político, lo que a su vez posibilitará el fortalecimiento de liderazgos más democráticos y capaces en los partidos y en las instituciones del sistema. La interacción y articulación entre los factores externos y los liderazgos democráticos renovadores en los partidos y en las instituciones del sistema político catalizará el cambio político que tomará varios años, mientras la agudización de la crisis histórica la tenemos enfrente...
 

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