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El camino de la marihuana

<p>No es primera vez que un jefe de Estado uruguayo arma revuelo planteando una liberalización de las drogas. El pionero quizá fue Jorge Batlle, quien en octubre de 2000, en Santiago de Chile y flanqueado por sus colegas de Argentina, Fernando de la Rúa, y Ricardo Lagos, de Chile, habló de la “liberación” como el camino que habría que transitar en el combate contra la droga.</p>
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<p>Batlle (2000-2005), un liberal defensor de la economía de mercado, se adelantó en su idea a la que hoy llevan adelante expresidentes como Ernesto Zedillo, de México; César Gaviria, de Colombia; y Fernando Henrique Cardoso, de Brasil, para contemplar esa salida como alternativa a las políticas represivas cuya eficacia muchos ponen en duda. Pero el presidente uruguayo, hombre amigo de hacer declaraciones explosivas –quizás la más recordada fue aquella referida a sus vecinos “los argentinos son una manga de ladrones, desde el primero hasta el último”– se quedó en el amague. En algún momento se consideró durante su gobierno una legalización de la marihuana, pero no pasó de eso.</p><p>Mucho más lejos ha ido José Mujica, un extupamaro al frente del segundo gobierno de izquierda elegido por los uruguayos, que ya anunció una iniciativa para concretar una liberalización controlada de la venta y producción de cannabis, en una serie de medidas para poner fin a la creciente inseguridad que agobia a los ciudadanos y que es uno de los puntos flacos de su administración.</p><p>Mujica, quien también recela de la vía represiva –“lo que estamos haciendo es gastando plata y perdiendo la guerra contra los narcos”– cree que a través de una apertura, controlada por el Estado, se le quitará poder y hegemonía a los narcotraficantes, se podrá llevar un mejor registro y atención de los adictos, y además, un tema que preocupa al mandatario, se procuraría lograr un desvío en el consumo desde la pasta base hacia la marihuana. Las autoridades uruguayas vinculan el incremento de los delitos violentos en el país, que se han multiplicado por 10, al aumento del consumo de la pasta base de cocaína entre los jóvenes, mayoritariamente marginales, que además de ser más barata, lleva a sus consumidores a unos estados muy extremos de euforia y alienación.</p><p>Pero tampoco esta medida resulta muy revolucionaria en el Uruguay, país en que el Estado maneja y controla el juego y es productor de bebidas alcohólicas y de alcohol, y donde el consumo de marihuana no está penado, aunque sí su venta. Esta especie de contradicción –fumar marihuana es legal, pero al momento de comprarla se incurre en alguna forma de delito– incluso ha impulsado proyectos de ley, actualmente en el Congreso, autorizando el autocultivo de cannabis.</p><p>La nueva iniciativa, entonces, no es tan innovadora, y tendría como propósito alcanzar además esos otros fines vinculados a la seguridad, no obstante lo cual, ha generado discrepancias internas, y más desde el exterior, lo que hace difícil hacer un pronóstico de cuál va a ser su suerte.</p><p>Si algunos piensan que el Uruguay se transformará en una especie de paraíso o meca adonde peregrinar, todavía eso no está tan seguro. Hay un camino previo por recorrer y seguramente si se avanza se llegará a una liberalización muy controlada.</p>

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