Lo más visto

Más de Opinión

El camino del evangelio no es el de los dogmas

En el proceso de fortalecimiento de su fe, el cristiano, de una denominación en particular o sin religión, se pregunta a quién debe seguir su fe, ¿a la Iglesia, a la denominación a la cual pertenece, aun cuando sus jerarquías en la práctica son contrarias a la enseñanza de Nuestro Señor Jesucristo?, ¿o a Jesucristo, que nos trajo la buena nueva del Reino de Dios?
Enlace copiado
El camino del evangelio no es el de los dogmas

El camino del evangelio no es el de los dogmas

El camino del evangelio no es el de los dogmas

El camino del evangelio no es el de los dogmas

Enlace copiado
La respuesta a esta interrogante legítima y necesaria es discernible: primero es el evangelio, la palabra y praxis de Jesucristo, y después el dogma; no es Jesús un producto de las iglesias, sino estas resultado del evangelio, y un resultado, hay que decirlo, poco digno de aquel a quien llaman fundador de la Iglesia.

En una entrevista, el teólogo Carlos Escudero Freire, ante la pregunta “¿cree que hay mucha diferencia entre ese Jesús (el real y vivo que nos trajo la salvación) y el que ‘nos han vendido’ a lo largo de la historia?”, contesta: “Hay bastante diferencia, porque nos han ido vendiendo un Jesús de dogmas, de los siglos IV o V, que lanzaron los ortodoxos contra los heterodoxos (por llamarlos así), y que no tiene mucho que ver con el contenido del evangelio [...] y esto fue lo que nos fue enseñando la Iglesia oficial: sus tradiciones, que no son la tradición de Jesús, sino las tradiciones de una iglesia de poder y dominio”.

En esas declaraciones están los elementos medulares del porqué los cristianos debemos fundamentar nuestra fe en el evangelio. La ortodoxia eclesial cimentada por las jerarquías (y vuelvo a aclarar que me refiero a la católica y las protestantes) más que una continuidad de la obra de Dios ejemplificada por Jesucristo representa lo contrario, un sometimiento a los poderes fácticos y a los imperialismos modernos.

Nuestra fe debe fundarse en Cristo, así de sencillo. Los preceptos canónicos, las leyes eclesiales, son posteriores al anuncio del Reino de Dios y, por tanto, la salvación no proviene de jerarquías, de papas o pastores, sino del seguimiento fiel y constante de Cristo.

La fe de los cristianos debe cimentarse en la praxis y el seguimiento fiel de las enseñanzas de Jesucristo. No podemos obviar que Jesucristo, en esencia, no anunció el advenimiento de la Iglesia como institución, sino el comienzo de su reinado. En todo caso, la iglesia que subyace en la Palabra no es el de una institución estructurada como empresa o Estado, sino una comunidad de comunidades, Iglesia plural que en vez de dividir une bajo su sombra a cristianos con diferentes formas de vivir su fe e incluso a quienes se consideran al margen de toda creencia.

“El cristianismo –asegura el teólogo Juan José Tamayo– trasciende las diferentes tradiciones religiosas que quieren apropiarse de él, rompe los moldes culturales en que se le ha intentado enmarcar y rebasa los topes dogmáticos en que se le ha querido encerrar [...]. Jesús de Nazaret es un personaje de permanente actualidad [...] como incitador de conductas alternativas, [...] fuente de inspiración de plurales manifestaciones socioculturales y aliento de importantes movimientos religiosos de distinto signo ideológico”.

Es que Jesús, por mucho que la ortodoxia dogmática eclesial lo pretenda ocultar, no vino a fundar dogmas, ni a sustituir una iglesia opresora por otra igual de opresora, sino a mostrarnos el nuevo estilo de vida a seguir, que proclame y traiga al mundo la soberanía del Espíritu expresado en el Reino de Nuestro Señor Jesucristo.

Para que nuestra fe pueda llamarse verdaderamente cristiana es necesario que nos liberemos como personas y liberemos el proyecto de Jesús de las taras dogmáticas ajenas a los evangelios e impuestas por la ortodoxia religiosa.

Tags:

  • Camino
  • evangelio
  • dogmas
  • Dios
  • iglesia

Lee también

Comentarios