El caso venezolano está en este momento al rojo vivo en el ámbito de las relaciones hemisféricas

El Salvador, país en transición múltiple y prolongada hacia la democracia plena, tiene que aprender de ejemplos tan patéticos como éste.
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Lo único que funciona, como la realidad lo reitera de manera constante, es la libertad bien vivida y bien administrada. Los espejismos ideológicos siempre conducen al precipicio.

A nadie escapa que los acontecimientos que se vienen produciendo en Venezuela desde la instauración del régimen chavista, allá a finales de la década de los 90 del pasado siglo, han sido un foco de conflictividad que cada vez se vuelve más intensa, en especial desde que dicho régimen entró en crisis esperable e irrecuperable por efecto de una política de populismo extremo y de incidencia regional divisiva y beligerante. Bajo la artificiosa bandera del llamado Socialismo del Siglo XXI, la línea chavista ha desmantelado prácticamente la economía venezolana, viene utilizando la vasta riqueza petrolera como arma perversa de poder regional y arremete de manera sistemática contra la democratización, tanto en su país como en los entornos.

Ahora, con un liderazgo poschavista verdaderamente impresentable, la desintegración progresiva del régimen ha hecho que arrecie sin ningún escrúpulo la persecución contra sus opositores internos, lo cual desde luego viene generando reacciones de rechazo internas e internacionales. La situación desesperada del chavismo ante lo que es la dramática crónica de un fracaso anunciado tiene en vilo actualmente a la región, cuando situaciones contrastantes, como el esfuerzo en marcha por avanzar en la normalización de relaciones entre Estados Unidos y Cuba, apuntan en la dirección contraria.

La tensión entre Venezuela y Estados Unidos ha hecho que este último país tome medidas que son al mismo tiempo de autoprotección y de repudio por los desmanes del régimen venezolano que da coletazos descontrolados. Ante eso, el régimen chavista y sus aliados regionales pretenden revivir el trasnochado argumento antiimperialista. Y ahora mismo esos intentos se hacen en ocasión de la inminente Cumbre de las Américas, que tendrá lugar en Panamá este fin de semana.

En dicho foro, el liderazgo chavista busca presentar una recolección internacional de firmas contra el decreto estadounidense que sanciona a algunos funcionarios venezolanos, en un gesto caricaturesco al que se suman los que apoyan al chavismo, por razones dizque ideológicas que encubren en verdad móviles de interés puramente monetario, el cual, a consecuencia de la catástrofe económica chavista, también está en plena crisis. Ese es el caso del partido FMLN, que se halla al frente del gobierno en nuestro país, y que parece estar meciéndose en una peligrosa cuerda floja porque al mismo tiempo necesita ansiosamente del apoyo de Estados Unidos para avanzar en decisivos proyectos de desarrollo.

El caso de Venezuela es en realidad deplorable en todo sentido, porque luego de un período tan prolongado de desarticulación interna la reconstrucción de todos los tejidos institucionales y sociales va a ser una tarea de larguísima duración. Y, por otra parte, los efectos regionales también requerirán tratamientos de normalización que vayan acordes con los tiempos. Experimentos como el aludido terminan siempre en traumáticas pruebas que luego hay que asumir con todos sus costos.

El Salvador, país en transición múltiple y prolongada hacia la democracia plena, tiene que aprender de ejemplos tan patéticos como éste. Lo único que funciona, como la realidad lo reitera de manera constante, es la libertad bien vivida y bien administrada. Los espejismos ideológicos siempre conducen al precipicio. Hay que curarse en salud para evitar trampas de esa índole, que como ya está visto nunca dejarán de presentarse en el camino.

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