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El civismo debe ser un componente básico de la vida personal

La patria y el civismo son víctimas de los errores y pecados del sistema. Tenemos que ir recomponiendo las piezas en el tablero nacional. Y esa es labor que la nación debe enfrentar como tal.
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El civismo debe ser un componente básico de la vida personal

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<p>[email protected]&nbsp;</p><p>Septiembre está caracterizado formalmente como Mes de la Patria, y menudean las expresiones externas alusivas a ese tema. Pero concluye el mes y nadie vuelve a acordarse del asunto. ¿Qué pasa al respecto? ¿Es que la patria es un fantasma que sólo aparece por ahí durante unos cuantos días del año? ¿Es que el sentimiento patriótico no pasa de ser un componente opcional de nuestros mundos anímicos individuales? ¿O es que una vez que pasa la época escolar de cada quien ya ese tipo de cuestión queda almacenada entre las experiencias de la formación inicial? Lo cierto es que pareciera que nacimos donde nacimos y vivimos donde vivimos sin que esos hechos parezcan tener raíces en el ser y en el hacer de las vidas personales y de los aconteceres colectivos. Como si estuviéramos aquí sin necesitar conciencia de ello.</p><p>De entrada, y al nada más pensarlo, se percibe que algo falla en todo esto. Es como si tuviéramos vínculos familiares sin darnos cuenta de que los tenemos. De seguro buena parte de la sensación de desarraigo que es tan común en nuestro ambiente deriva de este desapego sentimental respecto de lo propio, que ha venido progresando tan erosivamente en el tiempo. </p><p>Un ejemplo que parece trivial puede ilustrarnos al respecto: ya no nos fijamos ni siquiera en la esplendorosa escenografía geográfica que nos rodea. Los verdes del campo, los topacios del amanecer, los turquesas del atardecer, los multicolores de los árboles de flor, nada de eso parece cautivar nuestra contemplación. Alfredo Espino se halla expatriado. Es vivir en blanco, y no en un blanco de pureza sino en un blanco de abandono.</p><p>Acudamos, como siempre, a nuestro fiel amigo el Diccionario de la Lengua Española, en busca de las definiciones de “civismo”. Hay dos. La primera: “Celo por las instituciones e intereses de la patria”. Y, entre sus acepciones, sabemos que celo implica “interés extremado y activo que alguien siente por una causa o por una persona”. El civismo, pues, visto desde esa perspectiva, es una entrega anímica al ser y al devenir del ente patriótico al que pertenecemos. En este caso, El Salvador. Para poder desarrollar dicho celo es indispensable, por lógica elemental, que cada uno de nosotros se identifique con su patria, El Salvador. Identificación que abarca la totalidad del ser nacional, con sus luces y sus sombras, con sus barrancos y sus planicies. Es, a la vez, un acto de posesión anímica y de disposición servicial.</p><p>Hay que hacer referencia aquí, porque la realidad lo demanda, a un fenómeno de distorsión que se ha venido instalando en el ambiente: confundir patria con sistema. Hace algunos días leí un comentario que decía: ¿Cómo puede haber patria si unos aguantan hambre y otros derrochan? Hay que distinguir, para no caer en caricaturizaciones de concepto. Es enteramente cierto que en el país hay grandes desajustes e infinidad de injusticias, y a eso hay que dedicarle los esfuerzos principales de nación. Pero la patria no es una forma de reparto, sino un espacio de pertenencia. </p><p>Y si fuéramos a identificar patria con justicia plena, no habría ninguna patria en el mundo. El sistema tiene que ver con lo que se tiene; la patria tiene que ver con lo que se siente. Con tanta confusión al respecto no es de extrañar que vivamos tan asfixiados por la sensación de orfandad. </p><p>Volvamos al civismo. Su segunda acepción es: “Comportamiento respetuoso del ciudadano con las normas de convivencia pública”. Esta podría considerarse la expresión funcional del civismo. Así vamos derivando hacia una conclusión de alto poder educativo: el civismo es, a la vez, convicción y función. Se trata de que la voluntad se convierta en conducta, para que aquélla cumpla el destino que le corresponde. </p><p>En esa definición aludida hay dos términos que queremos subrayar: respeto y convivencia. Son términos interdependientes. La convivencia social pacífica y constructiva se fundamenta en el respecto activo entre todos los que conviven. Si hay en el país un déficit que atenta agresivamente contra la estabilidad y el desarrollo es el déficit de respeto. Remediar ese déficit es, entonces, misión regeneradora urgente. En nuestro ambiente, la noción de civismo viene quedando marginada porque nuestra sociedad carece de mecanismos para procesar su frustración, su dolor y su cólera, que son efectos inmediatos de una vida colectiva mal vivida. La patria y el civismo son víctimas de los errores y pecados del sistema.</p><p> Tenemos que ir recomponiendo las piezas en el tablero nacional. Y esa es labor que la nación debe enfrentar como tal. De no hacerlo, seguiremos en las mismas, chocando contra todo, aun contra nosotros mismos. Y así no se llega a ninguna parte.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>

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