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El cliché del Centenario

En este momento tengo muy presentes las anécdotas que me cuenta mi mamá de cómo fue su niñez. De todo lo que me ha contado, lo que más apegado a mi pensamiento tengo es la imagen de mi madre corriendo por el parque Centenario, con sus colochos al ritmo de sus pasos acelerados. Era el pasatiempo de la tarde. El de ella, sus hermanas y mis abuelos.
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Nos estamos remontando a la época de los cincuenta, muchas décadas atrás. A pesar de no haberlo vivido tengo una imagen que me remite a la escena cliché de los recuerdos: imagino el Centenario adentrándose a la noche, lleno de tonos sepias, hojas de árboles en el suelo, niños jugando, parejas caminado, otros sentados y platicando. En fin, un lugar tranquilo y sereno.

Adentrada la noche, el tono amarillo de las luces del tendido eléctrico es el que alumbra los juegos de los pequeños, las bromas de los jóvenes y las pláticas de los adultos. Y alrededor del Centenario, veo familias sentadas en el “zaguán” de sus casas, viendo cómo los otros disfrutan de la noche en el parque.

Me remonto a esa idea “cliché” porque es a lo que me remiten los municipios “santuario”. Cuando no sabía nada de ello creí que era un proyecto que terminaría con esa imagen utópica que muchos tenemos de un lugar basado en aspectos culturales.

Menos mal, el término cambió para llevarme a uno que me baja de las nubes de la imaginación y me lleva a la realidad: los municipios “libres de violencia”.

Una vez más, no quisiera meterme a las mismas situaciones polémicas a las que ya estamos acostumbrados, por eso no me empeñaré en desacreditar al Gobierno, acusar a las maras y sobrevalorar el trabajo de la Iglesia en una tregua que ya se volvió parte de la historia del país; y que está lista para ser manipulada a conveniencia de quien la cuente.

El término “libre de violencia” me lleva un mar de vaguedad. Si bien es cierto sabemos que se refiere a la reducción de delitos criminales en los lugares adscritos a la iniciativa, volvemos a caer en la idea redundante de engañar a los ciudadanos, creando un concepto utópico por definición; pues el ser humano es violento por naturaleza.

Entonces ¿a qué violencia se refiere? ¿Será que a la misma violencia psicológica que hemos sufrido por años, temiendo a ser “violentados” por cualquiera en la calle? ¿O a la violencia física de una muerte fatal sin un sentido claro? ¿O las desapariciones misteriosas de jóvenes estudiantes? ¿O a la violencia verbal de no saber a quién pagarle qué renta? ¿O a la misma violencia social que viven los pandilleros?

Es necesario estar claro en los niveles del debate y saber las reglas del juego que aplican. Ya era necesario idear una estrategia con el objetivo de la reducción de los homicidios, que no niego ha dado resultados; pero nuestro deber como ciudadanos es dar pie a que estas iniciativas funcionen verdaderamente.

Son tres, cuatro, luego cinco y más alcaldes apoyarán la segunda fase de este proyecto, pero como la parte más grande del país, los ciudadanos debemos saber a qué queremos llegar. Yo por lo menos ya lo sé: quiero llegar a esa escena que mi mamá vivió alguna vez en el Centenario. Usted ¿a cuál quisiera llegar?

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  • santuarios
  • violencia
  • tregua
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