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El color blanco es incluyente

<p>“Blanco significa respeto al Estado de Derecho. Por eso todos estamos incluidos, a nadie se puede dejar atrás, sin importar sus ideas políticas”. Estas fueron las palabras que puse en Twitter el día de la marcha que reunió a más de 30,000 personas en el Centro de Gobierno. La población se ha manifestado de diferentes y originales formas, desde el ingenioso #yomevistodeblanco, modelo de protesta convocado por los jóvenes de variopinta forma de pensar hasta la manifestación organizada por la sociedad civil, gente de derecha, de izquierda, empresarios y votantes fluctuantes que tenían ganas de vestirse de blanco para tomarse las calles pacíficamente (lastimosamente, algunos medios de comunicación tradicionales y, sorprendentemente los nuevos medios digitales, le dieron gran énfasis a al pleito de unos pocos violentos).</p>
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<p>No sé qué va a pasar con la novela del desacato de algunos diputados de la honorable Asamblea Legislativa frente a la resoluciones de la Sala de Lo Constitucional, pero lo que sí puedo asegurar con humildad y orgullo que nunca más seremos aquella ciudadanía apática e indiferente que hasta ahora había dejado que los políticos y funcionarios públicos hicieran lo que quieran. Por toda esta desobediencia e irrespeto a la institucionalidad, en El Salvador nos hemos unido para obligar a esos diputados a rendir cuentas.</p><p>Esta toma de conciencia ha sido un poco desconfiada y tratando de descalificarnos unos a otros, como si ser de derecha o de izquierda nos impidiera ver dónde está el camino sensato para consolidar nuestra joven democracia. Hay que reflexionar cómo puede formarse el ciudadano democrático, para que su autonomía no se transforme en egoísmo individualista, desconectado de los demás.</p><p>José Ibáñez-Martín, autor, propone tres estrategias: La primera es ver la ciudadanía como estatus jurídico, reconociendo su igual dignidad sustancial, cuya traducción jurídica mínimamente necesaria consiste en respetar la Declaración de Derechos del Hombre y la Constitución. La segunda es ver la ciudadanía como sentimiento de pertenencia: aquella que se basa en la fidelidad a una historia común, junto a una vibración ante los símbolos nacionales, que implica una común ciudadanía fundada en la seguridad de la reciprocidad, de la confianza y de la buena fe. La tercera es ver la ciudadanía como un compromiso en acción. Esta se refiere a hechos y no palabras.</p><p>Al lado de estos elementos, hay que promover actitudes de respeto y de preocupación, de cuidado e incluso de amistad con todos, por encima de las diferencias. En esto tiene mucha importancia el ejemplo de la familia, la empresa y la vecindad. Otro elemento a considerar es que el ciudadano debe aprender y empeñarse por evaluar, según justicia, las políticas públicas. Unido a esto, es importante cultivar la disposición de participar en los órganos de decisión, también en los políticos, en gremiales, vecinales, del centro educativo de los hijos, etcétera. Evitar la comodidad, el negativismo o la indiferencia.</p><p>Hay que superar las actitudes de algún modo elitistas (actitud que no deja entrar a nadie si no se le conoce o no es de mi mismo origen). Todos, incluso los extranjeros, deben participar y beneficiarse en la construcción de la sociedad. ¿Podemos soñar juntos el color blanco, para construir una mejor versión de nosotros mismos?</p><p>&nbsp;</p>

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