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El complicadodrama de los indocumentados

Alrededor de 1.5 millones de jóvenes –un poco más del 10 % de los indocumentados– no hicieron nada incorrecto. Fueron traídos a este país de niños, por sus padres.
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SAN DIEGO – Hay algunos factores complicados en el debate de la inmigración. Pero las tres cuestiones esenciales son bastante simples.

—¿Hicieron los 11 millones de inmigrantes ilegales que están actualmente en Estados Unidos algo incorrecto?

—Si estamos de acuerdo con que sí lo hicieron, ¿no deberían reconocer su error y reparar el daño?

—Y si se les permite permanecer legalmente en Estados Unidos, ¿no es justo que “vayan al final de la cola”, porque millones de personas que siguen las reglas están tratando de ingresar al país en la manera correcta?

Estas son las preguntas que desconcierta a “La barra de los ocho”, un grupo formado por senadores de ambos partidos que está tratando de redactar una propuesta de reforma migratoria que dé a los inmigrantes ilegales la oportunidad de mejorar sus vidas sin concederles demasiadas cosas. Los senadores parecen pensar que su número de suerte es el 13. Según informes de los medios, les concederían a los inmigrantes ilegales una categoría legal probatoria inmediatamente, con la oportunidad de ganarse la tarjeta verde en 10 años y la ciudadanía estadounidense en otros tres años. Son 13 años para pasar de ser “inmigrante ilegal” a “ciudadano estadounidense”. Bastante bien.

Algunos inmigrantes ilegales hicieron algo incorrecto. Cruzaron la frontera sin permiso o se quedaron una vez que su visa se venció. A pesar de lo que gustan pensar los restriccionistas, no son todos delincuentes; la ley de inmigración está compuesta, en gran medida, por estatutos civiles, no penales. Sin embargo, a pesar de lo que gustan pensar los defensores de las fronteras abiertas, no puede negarse que, para estar en este país, esta gente se burló de nuestro sistema legal.

Alrededor de 1.5 millones de jóvenes –un poco más del 10 % de los indocumentados– no hicieron nada incorrecto. Fueron traídos a este país de niños, por sus padres. El hecho de que no escogieran venir aquí no significa que –mientras se criaban en Estados Unidos– no escogieron violar otras leyes, como conducir sin licencia o trabajar presentando una tarjeta del Seguro Social falsa.

Los republicanos conservadores se preocupan por el hecho de que el senador de Kentucky, Rand Paul, apoye una versión de esa idea. Al dirigir la palabra ante la Cámara de Comercio Hispana de Estados Unidos, Paul presentó una posición con matices. No favorecería un camino acelerado a la ciudadanía para los inmigrantes ilegales, pero tampoco apoyaría a los de la derecha que o bien bloquearían la posibilidad de los inmigrantes ilegales de convertirse en ciudadanos o requerirían que volvieran a su país de origen a fin de solicitar la ciudadanía. Paul les otorgaría visas de trabajadores, y les permitiría solicitar la ciudadanía desde aquí.

Hay que inquietarse cuando los republicanos que tratan el tema de la inmigración comienzan a decir cosas con sentido.

En la izquierda, algunos se oponen al camino a la ciudadanía, si ese camino es demasiado largo, demasiado oneroso o demasiado complicado. Tampoco les gusta el asunto de “ir al final de la cola”. Piensan que esta gente –especialmente los que han vivido, trabajado y pagado impuestos en Estados Unidos durante muchos años– ha esperado suficientemente para obtener sus tarjetas verdes y la ciudadanía. Además, también creen –como se lo puede decir cualquier abogado de inmigración– que si uno es pobre, carece de especialización, no está patrocinado por nadie, excepto un padre o esposo que sea ciudadano estadounidense, y proviene del país equivocado (es decir, un país que llega rápidamente al límite de su asignación de visas, como México), no hay cola en la cual entrar.

Aun así, es totalmente poco realista que los de la izquierda piensen que pueden obtener lo que realmente importa –categoría legal para los indocumentados a fin de salvarlos del destino de ser deportados por un gobierno que, irónicamente, los liberales ayudaron a llevar al poder– sin conceder algo y sin avenirse a una serie de condiciones estrictas.

¿Por qué estrictas? Porque debe haber un precio que deben pagar los que hacen algo incorrectamente. Es lo justo.

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